Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Mágico y salvaje: El cine español del Festival de Sitges 2014

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Hace un año repasábamos el cine español presentado en Sitges y llamábamos la atención sobre la colonización lingüística que el inglés ejercía sobre nuestro cine de género, sin duda motivado por un legítimo afán de conquistar mercados internacionales. Este año, sin embargo, solo hubo dos ejemplos, como corresponde a la menor ambición comercial de la mayoría de la películas presentadas. Menor ambición comercial, pero no artística, como veremos, pues ha quedado demostrada una vez más la riqueza y variedad de nuestro cine, aunque el resultado final no siempre haya sido el esperado.

Aparte del film inaugural, [Rec] 4: Apocalipsis (Jaume Balaguero, 2014), cuya presencia fuera de concurso era más que lógica por tratarse de la culminación de la exitosa saga de infectados creada por el realizador catalán más destacado del género, la Sección Oficial ofreció cuatro títulos españoles. Uno se inscribe claramente en una asentada tradición cinematográfica de nuestro cine, la comedia negra, de la que su productor, Álex de la Iglesia, viene siendo su principal valedor comercial. En esta Musarañas (Juanfer Andrés y Esteban Roel, 2014), ambientada en la postguerra, Macarena Gómez encarna a una mujer ultrarreligiosa y agorafóbica que pierde los papeles por el apuesto joven que se refugia en su casa. Los traumas del pasado, personificados por la fantasmal presencia del padre desaparecido interpretado con sorna por Luis Tosar, acabarán por desatar una violencia extrema que, sin embargo, no impide nuestras carcajadas.

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Si en Musarañas reconocemos una tradición propia, en otras dos películas de esta sección se bebe de fuentes foráneas con resultados muy dispares. La extrañísima La distancia (Sergio Caballero, 2014), incomprendida y abucheada por una parte del público, hunde sus raíces en Tarkovsky –también está hablada en ruso–, pero consigue crear un universo propio que el espectador debería aceptar si no quiere huir de la sala. Si lo hace podrá apreciar cierta belleza y un soterrado humor que la convierten en una película singular que merecería mejor suerte comercial que el semiclandestino estreno a que se ha visto abocada. Mientras que esta se nutre de Tarkovsky para crear algo diferente, Pos eso (Sam, 2014) recurre a numerosas referencias cinematográficas, con El exorcista (William Friedkin, 1973) a la cabeza, para crea un producto derivado sin alma propia, muy desquiciado, de una violencia sin sentido, que solo sabe acumular tópicos sobre la telebasura, la Iglesia o el folclore hispano. El buen acabado técnico de su animación en plastilina es lo único salvable.

De la última propuesta nacional no sabemos concretar sus referentes, solo que es un disparate cuya presencia a competición solo parece responder a la necesidad de cubrir una cuota de cine catalán. En L’altra frontera (André Cruz Shiraiwa, 2014) un reality-show televisivo sirve para seleccionar los candidatos a entrar en el Estado de Bienestar que se esconde tras la frontera. Su inverosimilitud desactiva cualquier intención crítica dejándonos, además, la incertidumbre de saber si es una metáfora mal medida de la Cataluña que nos espera en el futuro o qué, pues todos los personajes hablan sin excepción catalán, pese a venir de diversos lugares, y el único plano dentro de la frontera es, precisamente, de la Rambla barcelonesa.

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Que la Sección Oficial a concurso deba estar compuesta de películas inéditas en España tiene como consecuencia que los títulos más interesantes se encuentren fuera de ella. Así, en la Sección Oficial Especial se encontraron los platos fuertes provenientes de San Sebastián. En primer lugar destacó la triunfadora en aquel certamen, Magical Girl (Carlos Vermut, 2014), película destinada a dejar una profunda huella por su eficaz combinación de morbosidad y sentimiento en un thriller elegante y gratificante para el espectador que disfrute recomponiendo las piezas de su misterioso puzzle narrativo. Es de lamentar que comercialmente tenga menos oportunidades que Relatos salvajes (Damián Szifron, 2014), coproducción con Argentina premiada por el público de San Sebastián, cuyo atractivo popular resultó evidente gracias a su eficaz manera de apelar a nuestros instintos más vengativos. En mi opinión, algunos de sus relatos no están bien resueltos y el conjunto se resiente por ello, pero muy pronto el público dictará sentencia, seguramente a su favor.

La tercera película proveniente de San Sebastián, Autómata (Gabe Ibáñez, 2014), había sido, en cambio, vapuleada por los comentaristas, seguramente con justicia en comparación con el cine que se pudo ver allí. Tampoco es que despertara grandes entusiasmos en Sitges, pero este microclima de cine fantástico era más adecuado para ella. Sirvió de excusa para homenajear a Antonio Banderas, productor y protagonista del film, y para constatar el talento visual de su director. Sin embargo, a diferencia de su anterior película, Hierro (2009), su trabajo se resiente de las graves carencias que el guión padece en su melodramática parte final. Pese a todo, es un producto pensado para el mercado global –rodado en inglés–, con un buen acabado técnico y reconocibles referencias visuales –Blade Runner (Ridley Scott, 1982) principalmente– que debería encontrar público suficiente para recuperar la inversión.

Automata

Las otras dos presencias hispanas de la sección solo se pueden calificar de pérdidas de tiempo, y su presencia solo se explica por su condición de películas catalanas. The Afterglow (Joan Álvarez y Yolanda Torres, 2014), rodada en inglés, tiene al menos cierta voluntad de estilo aunque sea producto de una mala digestión del cine de David Lynch y acabe por cansarnos su impostada solemnidad. Asmodexia (Marc Carreté, 2014), ni eso. Es una película capaz de desprestigiar a un festival pero que ha encontrado un hueco en la programación debido a que su guionista, Mark Hostench, es nada menos que el subdirector del propio festival. Esperemos que sus dotes organizativas sean mejores que para pergeñar argumentos, pues aquí no sólo se acumulan tics propios del género demoníaco, sino que resulta totalmente confusa.

En otra sección paralela, Noves Visions Emergents, hizo acto de presencia ese cine español de bajo presupuesto que tantas alegrías está dando a sus pocos espectadores, aunque aquí no hayan resultado tan satisfactorias. Destaca entre ellas Amor eterno (Marçal Forés, 2014), turbador y explícito relato sobre encuentros sexuales ocasionales protagonizado por un profesor y sus alumnos, donde depredador y víctimas se confunden y el amor toma los caminos más sombríos. Las otras dos, Taller Capuchoc (Carlo Padial, 2014) y La maniobra de Heimlich (Manolo Vázquez, 2014) comparten ambiciones metaficcionales en torno a la creación literaria y cinematográfica y no les falta humor, pero si la primera se pierde algo con sus excesos verborreicos y sus metáforas visuales, la segunda acaba por resultar convencional a pesar de sus pretensiones.

En las cloacas de la programación, como denominan a la sección Brigadoon sus propios organizadores, también se podían rescatar subproductos de origen nacional, pero el tiempo era limitado y la única película que este cronista consiguió ver, Los olvidados (Manuel León Caballero, 2014) más vale, precisamente, que la olvidemos. Esperemos que el próximo año haya menos cine olvidable.

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