Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

El falso mito del travelling de Locura de amor (1948)

LOCURA DE AMOR 001

Esta semana murió Carlos Blanco, guionista que cimentó su prestigio en los años 40 y 50 con títulos como Las aguas bajan negras (José Luis Sáenz de Heredia, 1948), Los ojos dejan huellas (José Luis Sáenz de Heredia, 1952) o Los peces rojos (José Antonio Nieves Conde, 1955). Su importancia ha sido explicada en los obituarios, por lo que nada más tenemos que aportar en ese sentido, pero, al igual que hicimos en el caso de Sara Montiel y su absurdo contrato del millón de dólares, no podemos dejar de desenmascarar otro hermoso mito de nuestro cine, el del famoso travelling de Locura de amor (Juan de Orduña, 1948), presuntamente escrito por un Carlos Blanco que quiso adjudicarse la plena autoría de la película. 

Como nos ha vuelto a recordar Diego Galán en El País, siempre se ha dicho del citado travelling -el que acompaña la entrada de Juana la Loca (Aurora Bautista) en la Catedral de Burgos mientras el Almirante de Castilla (Juan Espantaleón) recita sus títulos- que Carlos Blanco se vio obligado a inventar más títulos para cubrir su largo trayecto, dando como resultado uno de los planos más solemnes y llamativos de la cinta. En realidad, esa voice over cubre varios planos más, no sólo el travelling, pero lo que venimos a discutir a continuación es algo más sustancial.

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Suponemos que la anécdota nació de las declaraciones del propio Carlos Blanco porque también fueron vertidas en la extensa entrevista que le hizo Juan Cobos para el libro que publicó la Seminci de Valladolid en 2001. Según dice en ella, se había iniciado ya el rodaje de Locura de amor cuando apareció un día Juan de Orduña en el café Gijón para pedirle ayuda: «”¡Que me faltan títulos! He ensayado el travelling para las frases de ‘Paso a la reina de Castilla, de Léon…’ y todo eso, pero me faltan títulos. Se me queda corto el travelling“. Y tuve que poner todo cuanto se me ocurrió para alargar».

Si fuera cierta la anécdota, esas líneas de diálogo no estarían en los guiones previos al rodaje. Pero la verdad es que sí están. Si se examina el ejemplar fechado el 2 de julio de 1947 -cuatro meses antes de rodar- que se conserva en la Filmoteca Española, se puede ver que la ristra de títulos que Carlos Blanco dice haber inventado para salvar la escena ya aparecía en el texto tal cual se recita en la película.

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Entonces, ¿por qué Carlos Blanco inventó esa historia? ¿Por un simple afán mitificador? ¿O más bien para reafirmarse como exclusivo autor del guión? Esta última suposición parece la más probable si tenemos en cuenta la disputa que sostuvo con Cifesa, la empresa productora, respecto a los títulos de crédito. Según dice, no quiso aceptar que aparecieran como guionistas junto a él el director, Juan de Orduña, y el escritor José María Pemán, pues realmente no habían participado apenas en su redacción, pero tampoco Manuel Tamayo y Alfredo Echegaray, autores de la primera versión del guión antes de que Carlos Blanco entrara en el proyecto.

Según Blanco, Manuel Tamayo y Alfredo Echegaray no tenían derecho a firmar el guión porque lo había escrito en solitario, y además afirma que sólo se mantuvieron en los títulos por las súplicas de la madre de Echegaray. Reconoce que el productor le pidió que arreglara la primera versión que Tamayo y Echegaray habían realizado años antes, pero también cuenta que rechazó el cometido: «Casanova quería saber si yo podría arreglar aquel guión, y le contesté que no, que no sabía arreglar guiones, que yo siempre partía de cero».

De nuevo, la prueba documental vienen a desmentir la prueba testimonial, tantas veces poco fiable para el historiador. El guión de Tamayo y Echegaray, de octubre de 1944, también se conserva en la Filmoteca Española, y basta compararlo con el de Carlos Blanco para descubrir que no prescindió, ni mucho menos, de la labor de Tamayo y Echegaray, porque conservó parte de la estructura y los diálogos. No sólo eso, sino que la susodicha escena, la de los títulos de Juana la Loca, ya aparece exactamente igual que como luego está en la versión de Carlos Blanco, como se puede comprobar en la siguiente imagen:

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No es nuestra intención minusvalorar los muchos méritos del guionista asturiano, pero hay que dar al César lo que es del César, y constatar que Locura de amor es tanto un guión de Carlos Blanco como de Manuel Tamayo y Alfredo Echegaray, pareja que, por lo demás, ha gozado de mucha menos reconocimiento pese a contar también con grandes títulos en su haber.

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