El cine español, desterrado de la cartelera madrileña
Un vistazo a la cartelera madrileña sirve para constatar el estado actual del cine español. Entre zombis frenéticos, robots estrepitosos y aviones parlantes, poco espacio ha quedado para las escasas propuestas de nuestro cine que aspiran a llenar las salas y que, por tanto, optaron por esperar a los meses más benignos de otoño para su lanzamiento.
En septiembre llegarán las nuevas películas de Daniel Sánchez Arévalo (La gran familia española) y Álex de la Iglesia (Las brujas de Zugarramurdi) junto a dos grandes bazas dirigidas al público infantil –Justin y la espada del valor (Manuel Sicilia, 2013) y Zipi y Zape y el club de la canica (Óskar Santos, 2013)-, de modo que ese mes será fundamental para calibrar si el cine español salvará los muebles en el plano comercial.
Pero si este destierro veraniego del cine español más comercial viene siendo frecuente en los últimos años, lo que resulta más lamentable es que tampoco haya encontrado su hueco en las pequeñas salas independientes, donde el espectador más exigente suele permitir la subsistencia de propuestas menos volcadas al consumo masivo.
Para ver algo de cine español ya no cuenta uno con la garantía de los cines Renoir o Verdi. De hecho, sólo dos salas en Madrid, las más pequeñas además, proyectan actualmente cine español. Una, la del irreductible Pequeño Cine Estudio, nos ofrece, y sólo de viernes a domingo, Colosio, el asesinato (Carlos Bolado, 2012), aunque en realidad se trata de una coproducción con México, Colombia y Francia, donde España sólo aporta el 20% y el argumento es netamente mexicano.
La otra sala, el Artistic Metropol de reciente apertura, nos ofrece algunos días una sola sesión de Baztán (Iñaki Elizalde, 2012). Esta sí es un producción enteramente española, y ciertamente estimulante pese a sus defectos, pero su lanzamiento ha sido muy precario aunque cuenta con caras tan conocidas como Carmelo Gómez y Unax Ugalde. Es más, también resulta muy sintomática de la actual situación que esta película haya llegado ahora cuando fue rodada en ¡2010!
Si rastreamos en busca de algo más que echarnos a los ojos, sólo nos queda por encontrar una sesión en el Cinesa Méndez Álvaro, y sólo el lunes, de Encierro 3D (Olivier van der Zee, 2012), documental que no ha logrado la repercusión esperada ni a costa de estrenarse en las mismas fechas que los sanfermines.
Nada más en la capital. Si queremos salir de este páramo sólo nos queda coger el coche e ir a Las Rozas o Alcalá de Henares para repescar alguna sesión de Un Dios prohibido (Pablo Moreno, 2013), película dirigida al público católico, como ya expliqué en una entrada anterior, o para comprobar los motivos del estrepitoso fracaso de Tres 60 (Alejandro Ezcurdia, 2013), del que no ha podido salvarla ni su productor Santiago Segura.
Debido a mi desgana para desplazarme a esos lugares, sólo espero poder recuperar próximamente ese y otros filmes en los pases de los Premios Goya que organiza anualmente la Filmoteca Española, auténtica fosa común a donde van a parar cada año innumerables películas ignotas de nuestro cine.






