Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Cine mudo en 3D: Plastigrama

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Entre las muchas curiosidades que encontré mientras investigaba para mi tesis doctoral y que nada tenían que ver con mi objeto de estudio, el Plastigrama destaca por su llamativa singularidad. Ahora, cuando el cine en tres dimensiones por fin ha logrado imponerse tras una azarosa historia repleta de fracasos, es un buen momento para saber algo más de una de las primeras experiencias del antaño denominado cine “en relieve”.

Seguía el rastro de La revoltosa (Florián Rey, 1924) por la cartelera madrileña debido a que estaba protagonizada por Juan de Orduña, el objeto de mi tesis, cuando me topé con el siguiente anuncio del Cine Cervantes: “El Plastigrama o cine en relieve. Gran suceso cinematográfico” (ABC, 17 de febrero de 1925). Se podía deducir que era uno de los cuatro cortometrajes que complementaba las dos sesiones dobles -a las 17:15 y las 22:00- de La revoltosa y ¿Qué hace su marido? (What’s Your Husband Doing, Lloyd Ingraham, 1920), pero lo sorprendente es que no se decía nada más, ni ese día ni los cinco siguientes en los que permaneció en cartel.

Buceando en las hemerotecas digitales pude descubrir que aquellas no fueron las primeras sesiones del Plastigrama, sino que ya había sido presentado en el cine Coliseum de Barcelona varios meses antes con similar brevedad: “Hoy jueves, extraordinario acontecimiento. PLASTIGRAMA, el más grande progreso de la cinematografía. (…) No deje de ver esta novedad cinematográfica” (La Vanguardia, 26 de junio de 1924). En esta ocasión había permanecido tres semanas, hasta el 13 de julio, pero tampoco su contenido dejó huella en la prensa a pesar de los entusiastas calificativos. Sólo nos consta que volvió cuatro días en enero de 1925 al Estudio Cicera de la misma ciudad.

Pero, ¿qué es el Plastigrama? ¿Es un sistema de cine en relieve como parece sugerir el cartel que abre esta entrada? ¿O es más bien el título de una película? ¿Y en qué consistía realmente? Un rápido vistazo a la primera fuente que hay que consultar en estos casos, el famoso IMDB, nos da como resultado un cortometraje titulado Plastigrams (Frederick Eugene Ives y Jacob Leventhal, 1922), cuya similitud con el hispanizado nombre Plastigrama es evidente. Las fechas coinciden y consta que se rodó tres dimensiones, por lo que hay que colegir que estamos ante la misma película y que en España se aplicó el mismo nombre al sistema de proyección. Por lo demás, poco más se dice aparte de que fuera reestrenada con sonido en 1924.

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Afortunadamente, en este caso se cumplió la máxima “todo está en los libros” y pudimos saber más con una simple búsqueda en el bendito Google Books. El libro Stereoscopic Cinema and the Origins of 3-D Film, 1838-1952, de Ray Zone, explica cómo los antecedentes cinematográficos del cine en tres dimensiones estaban basados en los anaglifos, es decir, en la combinación de dos imágenes, una en rojo y otra en verde, para producir otra en relieve, como se hacía desde 1891 en el terreno de las ilustraciones. El problema era conseguir un sistema de color cinematográfico que permitiera usar con eficacia los mismos principios en las imágenes en movimiento. Desde los hermanos Lumière se venía intentando -como se pudo comprobar recientemente en la Filmoteca Española- pero no se habían conseguido resultados plenamente satisfactorios.

Sin embargo, Plastigrams supuso un notable paso porque logró resultados sorprendentes mediante la combinación de dos cámaras sincronizadas, el uso de un prisma frente a las lentes para que convergieran ambos ejes ópticos, y la elección de los tintes adecuados para impresionar la película de doble capa necesaria para su visionado con las gafas. El resultado de este sistema fue romper la “cuarta pared” de la pantalla como no se había hecho hasta entonces, según cuentan las crónicas de la época.

Lógicamente, el contenido argumental era lo de menos, de lo que se trataba era de sacar el mayor partido visual a la innovación. Por tanto, el cortometraje consistía en un lanzador de béisbol que arrojaba la pelota hacia el espectador, en un chorro de agua de una manguera que giraba sobre sí misma, o una jabalina lanzada hacia la pantalla, entre otras escenas.

El adecuado lanzamiento publicitario posibilitó su éxito comercial en Estados Unidos y que a continuación se rodarán varios cortometrajes más con el mismo procedimiento. Uno de ellos, Stereoscopiks, que en IMDB aparece con el título de The Third Dimension Movie (Frederick Eugene Ives y Jacob Leventhal, 1924), aunque en realidad estaba compuesto por cuatro escenas diferentes tituladas Luna-cy!ZowieOuch! y A Runaway Taxi, también llegó a España, estrenándose en el Coliseum de Barcelona el 12 de junio de 1925.

Pese al éxito, parece ser que no hubo más películas con este sistema. La razón es que no podía triunfar en el terreno del largometraje, donde se encuentra de verdad el negocio cinematográfico, porque tenía dos inconvenientes importantes: la dificultad de su producción y las molestias visuales que produciría entre los espectadores la contemplación de las imágenes estereoscópicas durante demasiado tiempo.

1935 Becky Sharp - La feria de la vanidad (esp) 01

En consecuencia, Plastigrams se olvidó pronto, pero una crítica en La Vanguardia (14 de marzo de 1936) de la primera película rodada en Technicolor, La feria de la vanidad (Rouben Mamoulian, 1935), sirvió para rememorar aquella experiencia y compararla con la sensación de realidad que el nuevo sistema de color aportaba, considerado superior al Plastigrama aunque no fuera realmente estereoscópico:

“El valor del relieve perfecto, tipo estereoscopo (sic), lo dieron unos plastígramas (sic) presentados hace algunos años como asunto corto, mediante unos lentes de celuloide de distintos colores que se aplicaban sobre los ojos del espectador, y que se le entregaban en la taquilla mediante una entrada. Pero éste era un relieve grotesco, más apropiado para prestarse a una atracción de circo que para el supremo arte de la pantalla. El relieve en el cinema no puede ser otro que el que ofrece «La Feria de la Vanidad», relieve de profundidad de perspectiva. El relieve concebido en otra forma adaptable a la pantalla sería pretender poco menos que los artistas actuasen sobre la cabeza de los espectadores”.

Si se piensa un poco, el cine 3D de hoy en día también suele ser más propio de una atracción de circo que de una obra artística o simplemente narrativa, pero esa ya es otra historia.

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