Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

La sanidad del futuro, un privilegio de los ricos: Elysium

ely

Si el cine histórico en realidad habla del presente mediante la instrumentalización e idealización de unos hechos históricos que se interpretan desde una perspectiva actual, el cine de ciencia-ficción futurista suele proyectar los problemas del presente para advertirnos de lo que nos espera si seguimos por el mismo camino. Elysium (Neill Blomkamp, 2013) es un ejemplo más que no sólo nos previene del mal uso de las tecnologías, sino también de las consecuencias sociales del aumento desbocado de la desigualdad entre ricos y pobres, con el acceso a la sanidad de calidad como síntoma más descarnado de ello. (ATENCIÓN: SI NO QUIERES QUE TE DESTRIPE LA PELÍCULA NO SIGAS LEYENDO)

En el año 2154 el planeta Tierra está superpoblado, preso de la violencia y contaminado sin remedio, hasta el punto que los más pudientes se han refugiado en una especie de estación espacial -llamada Elysium- que recuerda a la célebre rueda giratoria de 2001: Una Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). Sin embargo, a diferencia de aquella, nacida de la curiosidad de la humanidad por conocer el universo, la estación Elysium ha nacido del egoísmo de las clases privilegiadas. Nadie que no pertenezca a su clase social puede ser ciudadano del lujoso resort-satélite, con sus mansiones y piscinas, que sobrevuela la Tierra.

951023 - Elysium

El resto de la humanidad, la inmensa mayoría, sobrevive como puede a la pobreza, en el mejor de los casos con trabajos mal pagados en empresas dirigidas por insensibles empresarios de Elysium que sólo bajan a la Tierra para vigilar su negocio. Los servicios públicos son insuficientes para atender las necesidades de la población y el hospital donde trabaja Frey (Alicia Braga), la heroína del filme, es un auténtico caos incapaz de solucionar las enfermedades más graves.

Los habitantes de Elysium, por su parte, gozan de plena salud gracias a un sistema sanitario perfecto. Cada lujosa vivienda cuenta con una especie de mesa de rayos uva capaz de sanar al instante cualquier herida o enfermedad. Es el sueño de los apologistas de la sanidad privada, una asistencia sanitaria perfecta en el propio hogar pero inalcanzable para los que no pueden pagarla. Es decir, rige un sistema de apartheid sanitario total.

La película parece responder así a cierta inquietud de la sociedad norteamericana ante la tímida reforma de la Seguridad Social emprendida por Obama, sistema de cuya desaparición parece estar advirtiendo al espectador. Como suele ser habitual en el cine hollywoodiense, nada sabemos del resto del mundo, como si Estados Unidos sirviera de sinécdoque de la humanidad, pero la reflexiones a que lleva este largometraje bien pueden servir para gran parte de los estados actuales, inmersos en inquietantes recortes de incierto futuro. En ese sentido, su argumento contiene un germen revolucionario apreciable porque toma claramente partido por los desfavorecidos pero, claro está, estamos ante una producción mainstream que no puede llegar muy lejos por ese camino.

Matt Damon

Una vez establecida la atractiva premisa inicial, la película se desliza por lo caminos más trillados del cine de acción, con personajes de una pieza claramente situados a cada lado del bien y del mal. Max (Matt Damon) lucha por su salud porque después de una accidente laboral radiactivo sólo le quedan cinco días de vida. Mientras, la Ministra de Defensa de Elysium, Delacourt (Jodie Foster), una inflexible mujer capaz de disparar sin piedad a los emigrantes que intentan penetrar en el satélite, sólo quiere alcanzar el poder. Así, el guión evita profundizar en los mecanismos políticos y sociales que han llevado a esta situación y, por tanto, desaprovecha las interesantes bazas que parece contener la historia.

Las incongruencias de la acción, el excesivo sentimentalismo, y la apuesta por el espectáculo más banal acaba echando por tierra una propuesta muy interesante sobre el papel. Sólo la conclusión es consecuente con la utópica solución a la que debe aspirar cualquier revolución, demostrándonos que en la ficción las utopías son posibles pese a la fortaleza de los enemigos. Mucho me temo que la realidad es bastante menos complaciente.

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2 pensamientos en “La sanidad del futuro, un privilegio de los ricos: Elysium

  1. David Ibáñez en dijo:

    Una puntualización: la ciencia ficción no siempre trata de “advertirnos de lo que nos espera si seguimos por el mal camino”. Supongo que no quieres expresar exactamente lo que has puesto, pero según lo has redactado diríase que estás elevando a categoría ‘sine qua non’ lo que es más un rasgo propio de algún subgénero, como la distopía. Ejemplos de que la Cifi no siempre es presa del síndrome de Casandra los tienes a patadas.

    • Sí, quizá la frase ha quedado demasiado contundente. Sólo quería decir que cuando el cine habla del futuro suele proyectar las preocupaciones del presente. Voy a arreglar la frase. Gracias por el comentario.

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