Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

El Quijote en el cine español (4): Honor de cavalleria (2006)

Honor de cavalleria

Mientras nuestras autoridades se afanaban en remover viejos despojos en busca de los huesos de nuestro célebre Cervantes, el Instituto de su mismo nombre me encargó una serie de cuatro artículos sobre las adaptaciones que el cine español ha realizado de su Don Quijote de La Mancha. Se han ido publicando cada dos semanas en la sección Rinconete de esa institución y poco después en este mismo blog. En esta cuarta y última entrega, publicada hace un par de días, abordamos la versión de Albert Serra: 

El enorme respeto que a Don Quijote de la Mancha parecen tenerle muchos de sus adaptadores cinematográficos, más preocupados de mantenerse fieles a la letra que al espíritu de la obra, ha tenido como consecuencia que hayan sido muy escasos los intentos de abordar el texto desde cierta libertad formal o de contenido. El proyecto inconcluso de Orson Welles o el muy enriquecedor de Gutiérrez Aragón, comentados en sendos artículos anteriores, son notables excepciones dentro del ámbito español. Pero no cabe duda de que la versión más sui generis, para bien o para mal, fue una de las más recientes: la del catalán Albert Serra en 2006.

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¿Qué es lo que sucedía entre don Quijote y Sancho Panza entre aventura y aventura? ¿En qué ocupaban su tiempo durante los momentos de descanso al raso? ¿Cómo era su relación cuando estaban solos en la intimidad? A estas preguntas parece querer responder esta aproximación cinematográfica a los intersticios de la narración cervantina, a lo que en la novela quedaba elidido por las necesidades narrativas. Y desde esa perspectiva ofrecer, también, el Quijote más realista que haya existido jamás, sin gigantes ni molinos de viento, y alejado de los juegos metaficcionales que tanto aprovecharon a otros adaptadores. Serra, al contrario, prefiere quedarse en un terreno más llano, desprenderse de toda retórica literaria y mediante un cierto ascetismo formal intentar desvelar lo esencial del idealismo de su protagonista.

Así, la película se inicia en medio de una acción cotidiana. Don Quijote, en el claro de un bosque, recoge del suelo algunas piezas de su armadura y se las acerca a Sancho, que descansa bajo un árbol, para que las arregle. El tiempo que se toma el realizador deja bien a las claras que no pretende describir grandes acciones aventureras, sino todo lo contrario. La contemplación de la naturaleza —la hierba, el viento, el agua, el sol y la luna— simboliza ese mundo ideal que don Quijote quisiera reeditar pero la película no quiere mostrar explícitamente. Incluso cuando, después de una hora de película, vislumbramos de lejos a otros personajes, Serra nos hurta la aventura y con una elipsis pasa directamente a las consecuencias de ella: una discusión entre don Quijote y Sancho.

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La iconografía del caballero viejo y de carnes magras y la del escudero orondo se respetan, pero sus personalidades no. Al contrario de las animadas conversaciones de la novela, hablan poco entre ellos, carecen de buen humor y Sancho no exhibe su elocuencia refranera. Diríamos que es un Sancho apagado, quizá ya cansado de las correrías de su amo, que solo se comunica con monosílabos. Nuestra extrañeza ante esto nos hace incluso dudar de las capacidades interpretativas del actor que encarna a Sancho, seguramente un actor amateur.

En realidad, ese aspecto amateur es consciente y se extiende a todas sus imágenes. Estamos ante una película de muy escasos medios, grabada en vídeo digital completamente en exteriores, con muy pocos personajes, interpretada por actores desconocidos, y aparentemente improvisada. Carece de una trama argumental que encadene con lógica las secuencias, pues es una sucesión de instantes inconexos que nos recuerdan al proceder narrativo de las últimas películas de Terrence Malick. Igual que carece de un inicio y un desarrollo convencionales, su oscura y desoladora conclusión nos presenta a don Quijote enjaulado camino de un destino indeterminado, renunciando a mostrarnos su conocido final en el lecho de muerte.

En definitiva, como ejercicio conceptual y poético es indudable el interés de esta película. Pero también nos plantea una grave duda: ¿dónde quedaron la amenidad y el buen humor de Cervantes?

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