Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Crítica en 200 palabras (o casi): Cry Macho (2021)

Macho

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.

Formato de proyección: DVD.

Valoración: ★ (Espero no volver a verla).

Ahí va la crítica:

Cry Macho (Clint Eastwood, 2021): Alguien debería decirle a Eastwood que ya no puede encarnar ciertos papeles. Sus 90 años ya no se pueden disimular en la pantalla, ni en su rostro, ni sobre todo en su capacidad motriz. Apenas puede dar unos pasos de baile, pero su personaje se permite el lujo de pelear con gente a la que dobla o triplica la edad, e incluso domar un caballo salvaje. Duele verle interpretando escenas tan ridículas, también cuando seduce al momento a toda mujer joven con la que se cruza, pero se le podrían perdonar estas fantasías si la película nos ofreciera en otros momentos un poco del mucho buen cine que suele darnos. Sin embargo, nos encontramos con una narración insustancial llena de sentimentalismo ramplón. Se trata de una película de carretera en la que el personaje traba durante el trayecto una tierna amistad con el chico que ha “secuestrado” por encargo del padre, que en realidad solo lo quiere como arma negociadora contra la madre. Pero no hay ninguna química entre el chaval y este “padre” temporal, ni con la mujer que los acoge en su casa, y las escenas se suceden de forma plana, sin emoción, hasta su inane conclusión.

Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)

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5 pensamientos en “Crítica en 200 palabras (o casi): Cry Macho (2021)

  1. Fernando en dijo:

    A mí me parece una película entrañablemente encantadora.

    Si no fuera porque sé que el autor de este blog ha manifestado en otras ocasiones un gran aprecio por diversos hitos de la filmografía de Clint Eastwood, yo pensaría -cualquiera pensaría- que ha caído víctima de una de esas atenciones selectivas que pueden impregnar lo que percibimos y lo que no, las cuales suelen ser fruto de alguna inquina personal más o menos esotérica.

    Primero repasaré, Rafa (ay, aquí no eres digno de llamarte como el muy querible niño protagonista, quien, en contra de lo que podría temerse, no es nada repipi ni almibarado), los puntos argumentales en que creo que yerras clamorosamente el blanco.

    Nadie debería decirle a Eastwood, a sus 90 años, que no puede encarnar personajes de 90 años, como es aquí el caso. La verdad es que tales personajes le vienen como anillo al dedo, lógicamente. Eastwood es quizá el actor que mejor ha sabido envejecer en pantalla, sin querer borrar las trazas de su creciente edad por medio de tintes, maquillajes o cirugías estéticas, y aceptando el inexorable paso del tiempo para explorar otras temáticas más otoñales o aun invernales. Lo grotesco sería que en la actualidad encarnase a veinteañeros o treintañeros… como me cuentan que ocurre -no puedo opinar personalmente porque no la he visto, ni ganas que tengo- en «El irlandés», del habitualmente estomagante Martin Scorsese, con unos Pacino y De Niro que a sus 80 años encarnan personajes de una edad tres veces inferior a la suya real, por muchos efectos digitales con que se intente enmascarar (nunca mejor dicho) el desaguisado.

    Y supongo que no has visto, Rafa, el reportaje titulado «Cómo se hizo ‘Mula'» que acompaña a la edición en blu-ray de esta magistral película de hace sólo cuatro años. Ahí puedes ver cómo Bradley Cooper declara -y en principio no hay por qué dudar de su palabra- que Eastwood exageró deliberadamente sus achaques para adaptarse a su papel protagonista, pero que en la vida real sigue casi tan ágil como un canguro gracias a la vida tan sana que lleva a base de alimentación saludable y ejercicios deportistas.

    Lo cierto es que, en «Cry Macho», Eastwood sólo tiene una pelea física (las demás corren a cargo de un competente gallo de pelea), que a efectos prácticos se reduce a un solo puñetazo en la nariz, cuya efectividad reside casi únicamente en su carácter sorpresivo, porque pilla desprevenido al atacado, y en el punto estratégico de la cara donde el atacante decide golpearlo, porque así puede causarle un gran dolor sin necesidad de mucha presión. En cualquier caso, el joven y fornido sicario se sobrepone enseguida; y mal lo habrían pasado el viejo y el niño -como ambos reconocen abiertamente- de no ser porque a éste último se le ocurre un divertido e ingenioso ardid para salvar la situación. Más vale maña que fuerza.

    El personaje de Eastwood, consciente de que ya no está para los trotes de danzar a los sones del rock & roll, opta por ejecutar unos decentes pasos de baile lento y «agarrados», a fin de caldear el ambiente con miras a futuras posibilidades de idilio. Y lo hace con una abuela interpretada por una actriz como Natalia Traven, que tiene poco más de 50 años pero está caracterizada para aparentar más de 60. Por cierto que ésta es la única mujer a quien él seduce a lo largo de toda la película, y no lo consigue al instante, sino que es un proceso simpáticamente gradual y creíble, aunque por supuesto haya de entrada un pequeño «flechazo», y en el cual es ella quien toma la iniciativa casi todo el tiempo.

    La única otra hembra que se le insinúa a Eastwood es la madre del infortunado niño. Y resulta obvio que no lo hace en serio, sino que es una especie de broma sádica, pretendida como demostración de humillante poder, por parte de una mujer que nos es presentada como demencialmente promiscua y profundamente desequilibrada, amén de alcohólica y drogadicta. El propio personaje de Eastwood lo entiende así y no se hace ilusiones sobre su propio «sex appeal»; en consecuencia no entra en ese juego.

    De ninguna manera los espectadores podemos estar seguros de que el padre quiera recuperar la custodia del hijo solamente como arma negociadora contra la madre. Él dice que en efecto le conviene para eso, pero que además quiere reparar sinceramente la forma en que hasta entonces ha incumplido sus deberes paternales. Y durante sus espaciadas apariciones en la película hemos observado que este individuo es capaz tanto de las acciones más admirables como de las más despreciables. Puede que mienta, puede que diga la verdad, puede que ni él mismo sepa lo que quiere; no tenemos medio alguno de saberlo a ciencia cierta. En arte, eso se llama sutileza y ambigüedad: dejar zonas del relato envueltas en las sombras del misterio. Es el niño quien, con arreglo a los datos de que finalmente dispone, habrá de decidir si le da una oportunidad o no, y siempre le quedará la alternativa de irse a vivir con sus otros amigos si ese proyecto se frustra. Mostrar que es necesario convivir con las incertidumbres y conceder el beneficio de la duda no es incurrir en un desenlace inane, sino reflejar fielmente una parte ineludible de todo proceso de desarrollo personal humano. Sin efectismos de justicieros ni grandilocuencias de superhéroes.

    Y un buen domador veterano de caballos sabe ya una sinfín de triquiñuelas que le allanan el camino en su actividad profesional sin llevar aparejado un excesivo riesgo físico.

    Por lo demás, «Cry Macho» es una de esas películas realizadas por directores ancianos por las que yo siempre he sentido especial debilidad… a menos que los maestros, al llegar a una edad provecta, sufran de demencia senil o, lo que es peor, se traicionen a sí mismos adoptando las bobadas temáticas y/o estilísticas de los jovenzuelos más sensacionalistas para «estar a la moda». En esas películas crepusculares y finales, filmadas a tumba abierta, habitualmente maravillosas aunque generalmente incomprendidas, sus autores, desde la última vuelta del camino, despreocupados ya de su posible aceptación por la crítica y el público, aprovechan para hacer las cosas que repetidamente desearon hacer pero que nunca antes se atrevieron, o para reafirmarse orgullosamente en sus convicciones artísticas ofreciendo lo mismo de siempre pero mejor que nunca. Se trata de obras intemporales, propicias para saborear con placidez y no para consumir con avidez, y en las que, con ánimo de centrarse en lo único que realmente les importa, llegan a un increíble grado de esencialidad, de despojamiento de cualquier hojarasca, como pocas veces puede verse en una pantalla.

    No es que «Cry Macho» sea, a mi juicio, una obra maestra, pues peca de algunas leves aunque breves caídas de ritmo -un ritmo casi siempre pausado y contemplativo, casi nunca lento y aburrido-, así como de algunas esporádicas fealdades visuales como por ejemplo el recurso al teleobjetivo, a los reflejitos estetizantes y a los filtros amarillentos. Pero sí la considero una gran película, donde lo que impera durante el 95 % de su duración es un hermoso y equilibrado clasicismo, notable por su ausencia de cualquier énfasis (mención aparte merece su reconfortante uso del formato Scope, ya sea en espacios cerrados o en inmensos paisajes); y la historia que nos cuenta está permeada por una campechana sabiduría de la vida eminentemente madura y adulta, no menos que por un humorismo bronco y tierno a partes iguales.

    Espero fervientemente que Clint Eastwood muera con las botas puestas: que continúe dirigiendo películas hasta haber cumplido 104 años. Al fin y al cabo, si eso hizo el insufrible pelmazo de Manoel de Oliveira, ¿por qué no va a hacerlo quien es hoy el mejor realizador cinematográfico vivo y uno de los mejores de toda la Historia del Cine?

    Aunque suene cursi decirlo o escribirlo, «Cry Macho» es una película con corazón, de ésas que casi ya no se hacen y que ahora quizá necesitamos más que nunca. A ver sin remisión.

    • El problema no es que encarne un personaje de su edad, sino que está interpretando un personaje mucho más joven, uno que puede domar caballos salvajes y, por tanto, que puede encargarse de una misión arriesgada como la que le encargan. Estoy seguro que en la novela original el personaje no será un anciano que apenas pueda andar. En Mula sí que interpretaba a un personaje de su edad, no tiene nada que ver. Y en cuatro años desde esa película, el deterioro es evidente, ahora no está fingiendo.
      En cuanto a la mujer, parece que no hemos visto la misma película. Desde el primer momento está coladita por él, se lo come con los ojos, no es un enamoramiento gradual debido a su personalidad, ya que no lo conoce apenas.
      En cualquier caso, la película es aburrida, sin personajes interesantes, sin épica ni poesía, demasiado cursi y con unos villanos muy ridículos. Es para sospechar que no la dirigió él, simplemente dejó hacer a sus ayudantes. Incluso el montaje es deficiente en algunas escenas, como si no hubiera pasado por la sala.
      Por supuesto, Eastwood está en su derecho a hacer más películas, pero como espectador también tengo derecho a quejarme de sus grandes deficiencias. Al menos no pagué una entrada para verla en el cine.

  2. Fernando en dijo:

    Qué le vamos a hacer si no te gusta «Cry Macho». Yo me alegro muchísimo de haberla visto en la pantalla grande de una sala de exhibición, que es el lugar natural para valorar debidamente sus enormes virtudes; pues Clint Eastwood es de los poquísimos directores que aún continúan haciendo cine-cine (no telefilmes ni videoclips con ínfulas) y que aprovechan al máximo las potencialidades de este arte, formulando ideas y creando emociones por medios estrictamente audiovisuales. Además, la modesta aportación del precio de mi entrada contribuirá humildemente a que siga encontrando financiación para sus proyectos entre los-que-mandan-y-manejan-el-negocio.

    Ah, y yo te aconsejaría, Rafa, que escucharas la opinión mayoritaria del público femenino, incluso adolescente, sobre el atractivo físico de Eastwood hasta en su extrema longevidad: casi todas las espectadoras de cualquier edad en el mundo entero coinciden en que les parece el ancianito más sexy que hoy en día camina sobre la tierra. Ahora mismo está ennoviado con una tal Christina Sandera, de 58 años y bastante bien conservada. (Busca información y fotos en Internet si te vence la curiosidad.) Si tú eres muy mal pensado, quizá creerás que ella está con él sólo por su prestigio y su dinero; puede que esto influya, pero que no sea lo único que influya; por mi parte, yo no soy quién para juzgar en este asunto.

    En «Cry Macho», de todas formas, él hace su papel favorito de perdedor fracasado y su pareja es una abuelita feúcha aunque muy agradable y de buen corazón, que con proverbial intuición femenina presiente que Mike Milo (el personaje de Eastwood) es el hombre que podrá aliviar satisfactoriamente su soledad, así que emplea todas sus diestras mañas en conquistarlo. Bien hecho.

    No doy crédito a mis propios ojos cuando te leo que la película está deficientemente filmada y montada. Cada vez sospecho más, como ya te lo he advertido en anteriores ocasiones, que tu costumbre de frecuentar abominables engendros, muchos de ellos de fabricación patria, debido a un extraño sentido del deber, acabará estragando irremisiblemente tus antaño considerables facultades críticas en materia de cine. Tanta basura no circula inofensivamente por el cerebro. Clint Eastwood es acaso el mejor heredero de John Huston lo mismo en temas que en tratamientos, y la espléndida mezcla de discreta sencillez y eficaz precisión que desde siempre ha definido las obras de ambos no hace más que ganar con la solera del paso de los años. Si sigues así (¡Dios no lo quiera, aunque no existe!) terminarás engrosando las filas de ésos que no saben apreciar las cualidades de un estilo si no les dan con él en la cabeza. Sería una verdadera lástima, créeme. Deberías imitar el ejemplo personal de Eastwood y mantenerte ágil como un canguro (espiritual e intelectualmente hablando) con una vida sana a base de alimentación saludable y ejercicios deportistas.

    • No seré yo quién condene la gerontofilia de algunas mujeres hacia Eastwood, pero yo hablo de su personaje, que además de viejo y cascado no tiene dinero ni fama para compensar. Todo indica que la señora se enamora de él, no que esté fingiendo, y eso es lo que no es creíble.
      Yo no he dicho que esté mal filmada en cuanto a sus planos, ese gusto no lo ha perdido, sino mal montada en algunas escenas.

  3. Fernando en dijo:

    Pues bien, yo personalmente no tuve ningún problema en creerme que la madura abuelita viuda se enamorara de él en la ficción. Será que soy tan bondadoso que aún se me puede engañar.

    No obstante, celebro que, a juzgar por lo que afirmas, no hayas dejado de entender que un estilo invisible no es lo mismo que un estilo inexistente. Pero, en lo concerniente al montaje, yo te concedería que están mal montados, a lo sumo, dos o tres planos de una sola secuencia: la de la doma de un caballo. El resto del conjunto en ese apartado es impecable. Ten cuidado, no sea que Joel Cox, benemérito colaborador de Clint Eastwood a lo largo de 45 años y 33 películas, y que incluso colaboró -sin acreditar- en el montaje de «Grupo salvaje», te demande, harto justificadamente, por atentados contra el honor.

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