Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Miguel Delibes y el cine español (5): El disputado voto del señor Cayo (1986)

Quinta entrega de esta serie de artículos publicados previamente en la web del Instituto Cervantes. Las novelas del vallisoletano Miguel Delibes han servido de material para un importante conjunto de películas. No cabe duda de que su prosa, ágil, breve y muy dialogada, se ajusta bien al cinematógrafo, espectáculo del que él mismo era muy aficionado. El disputado voto del señor Cayo profundiza en la eterna separación entre campo y ciudad, haya democracia o no:

Como si de una secuela de Los santos inocentes se tratara, Miguel Delibes pasó de mostrar la servidumbre cuasi medieval en la que vivían algunas gentes del campo español durante el franquismo a imaginar en El disputado voto del señor Cayo un encuentro entre esas mismas gentes y sus presuntos libertadores, los políticos de izquierda —Delibes no especifica el partido, pero claramente se refiere al PSOE— que en 1977 estrenaban la democracia en nuestro país. El encuentro de los ideologizados urbanitas con la realidad del campo no tendrá, sin embargo, el resultado esperado por ellos. La distancia que siempre ha existido entre la ciudad y el campo se confirma en este caso por la imposibilidad de poner de acuerdo la visión terrenal y particular del campesino con la visión política y global del activista. Delibes, a costa de parecer reaccionario, toma partido por la inocente sabiduría del pueblerino frente a la complejidad intelectual de sus visitantes. Víctor, el aspirante a ser diputado, concluirá, impresionado por lo que ha visto en su visita, que en realidad han ido a redimir al redentor.

Las adaptaciones cinematográficas de ambas novelas no solo comparten esta continuidad temática, sino que además se sirven de idéntico mecanismo narrativo: ampliar el arco temporal hacia el futuro para narrar los acontecimientos de la novela mediante sucesivos flashbacks. La firma de Manolo Matji en ambos guiones quizá tenga algo que ver, pero también es verdad que en el caso de El disputado voto del señor Cayo parecía obligado proceder así. La novela se había publicado en 1978, por tanto estaba ambientada durante la campaña electoral de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, cuando los socialistas todavía estaban lejos de gobernar. La película, en cambio, es de 1986, cuando ya se sabía que esa misma democracia había permitido al PSOE llegar al poder, e incluso empezar a decepcionar a muchos. Ese desencanto, en cierto modo adivinado por Delibes, es confirmado en la película mostrando en lo que se han convertido sus protagonistas.

Delibes juntaba a Víctor, un veterano y concienciado político que estuvo varios años en prisión durante el franquismo, con Rafa, un entusiasta y algo oportunista activista sin formación intelectual, y Laly, una niña pija malcasada y feminista, en un viaje para hacer campaña en unos pequeños pueblos de la montaña. Esperan dar varios mítines, pero solo encuentran a un solitario habitante, el señor Cayo, y a su mujer sordomuda. Estos no parecen necesitar para nada la democracia, pues siempre se las han arreglado bien solos, lejos de los que gobiernan. Y a pesar de tener que trabajar a su avanzada edad, no piensan que sean pobres. Laly acaba por ser comprensiva con el aldeano y Rafa se resigna a no poder convencerle de la necesidad de la lucha, pero para Víctor supone una gran decepción que remueve los cimientos de su vida hasta el punto de dejarse morir después de ser golpeado por militantes de ultraderecha.

En la película, sin embargo, se relata que Víctor (Juan Luis Galiardo) solo dejó la política después de su encuentro con el señor Cayo. Su muerte, sucedida ya en el presente, es lo que provoca que Rafa (Iñaki Miramón), ahora convertido en un cínico diputado, y Laly (Lydia Bosch), igual de burguesa que antes, rememoren aquel viaje. Mientras el presente se rueda en un triste blanco y negro, los tres flashbacks que sirven para recordar aquel viaje lleno de esperanza son en color. Es, por tanto, una película a la vez desencantada y nostálgica.

¿Y el señor Cayo (Francisco Rabal)? Como prueba de que todavía queda un rescoldo de conciencia en Rafa, acepta la propuesta de Laly de volver al pueblo para comprobar qué ha sido de él. Descubre que el viejo conserva el cartel electoral de Víctor, pero el panorama que se encuentra, con Cayo ya totalmente solo y enfermo, sirve también para confirmar el abandono del campo a pesar de la victoria socialista. Es decir, la distancia entre la ciudad y el campo sigue siendo una realidad años después de lo descrito por Delibes.

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