Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Miguel Delibes y el cine español (2): Retrato de familia (1976)

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Segunda entrega de esta serie de artículos publicados previamente en la web del Instituto Cervantes. Las novelas del vallisoletano Miguel Delibes han servido de material para un importante conjunto de películas. No cabe duda de que su prosa, ágil, breve y muy dialogada, se ajusta bien al cinematógrafo, espectáculo del que él mismo era muy aficionado. Retrato de familia no será la mejor adaptación, pero es paradigmática del momento en que se realizó: La Transición. 

Daniel el Mochuelo, el protagonista de El camino (1950), descubre el mundo, con sus alegrías y pesares, sus verdades y mentiras, sin salir del modesto pueblo donde ha nacido. Cécil Rubes, o Sisí, el personaje sobre el que gira la trama de Mi idolatrado hijo Sisí (1953), por el contrario, nace en una familia burguesa de la ciudad, rodeado de todo tipo de comodidades y mimado en exceso por su padre. Su iniciación a la vida es muy distinta, por tanto, porque parte con grandes ventajas materiales, lo que no le garantizará la felicidad, sino que aumentará sus frustraciones. Delibes demuestra en ambas novelas su preocupación por la educación, aunque con conclusiones muy diferentes. Para Daniel el Mochuelo es suficiente con una formación elemental, porque su verdadera educación se encuentra en la naturaleza, entre los árboles y los animales; para Sisí, en cambio, la falta de formación que provoca su descontrolada educación tiene consecuencias muy diferentes. Lo que aprenderá en libertad con malas compañías no será lo necesario para vivir, sino lo preciso para destruirse. Es la diferencia que parece haber entre la inocencia del campo y los peligros de la ciudad.

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La adaptación de Mi idolatrado hijo Sisí de José Sámano y Antonio Giménez-Rico no prescinde del todo de esta preocupación educativa, pero desplaza el foco de atención que marcaba Delibes hacia un aspecto colateral de la obra: las consecuencias de la guerra. De los tres periodos temporales de la novela —1917-1920, 1925-1929 y 1935-1938— que marcan la evolución como persona de Sisí, deciden centrarse en el último, en el correspondiente a la Guerra Civil y los meses previos, y solo dar algunas pinceladas mediante flashbacks para aclarar las pasadas circunstancias de los personajes. Cecilio Rubes (Antonio Ferrandis) es un adinerado comerciante de materiales higiénicos que solo vive para procurar la felicidad de su hijo Cécil (Miguel Bosé), concediéndole todos sus caprichos, mientras que su mujer, Adela (Amparo Soler Leal), es consciente de que ha sido malcriado. Para ella, que sea llamado a filas es una oportunidad para que lo metan en cintura. Para él, es un peligro que hay que evitar. Esta confrontación matrimonial es un reflejo de dos actitudes muy diferentes frente a la guerra y, en definitiva, frente al compromiso con unos ideales.

No hay que olvidar que la película fue producida en 1976, pocos meses después de morir Franco, en una época donde el relato de la Guerra Civil iba a ser profundamente revisado por el cine español. Retrato de familia fue una de las primeras películas en hacerlo —después de haber sido prohibida su realización por la censura franquista—, pero evitará el maniqueísmo de otras manteniéndose en la misma posición ideológicamente equidistante que tomaba Delibes en la novela, más allá de mostrar los desastres que provoca la guerra. Por su posición social y el miedo a la revolución, la familia Rubes apoya a las derechas. Pero mientras Adela se interesa por la política, incluso acompañando a su amiga Gloria (Encarna Paso) en sus campañas a favor de la CEDA, Cecilio pretende ser neutral, no comprometerse con ningún partido porque piensa que todos pretenden engañarlos. En realidad, su actitud responde a su carácter, descrito por Delibes como «inconstante y espiritualmente fofo y débil», a su cobardía, en definitiva. Su hijo hereda su carácter, agravado por una educación sin obligaciones, por lo que tiembla de terror al menor bombardeo y desea a toda costa evitar su llamamiento a filas.

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La muerte de Cécil a pesar de que su padre consigue que le destinen al Cuerpo de Intendencia desencadena una reacción muy diferente en los que le querían. Mientras que Elisa, la novia del chico, se consuela sabiendo que ha muerto por la causa, Cecilio cree que ha perdido la guerra aunque su bando la gane. Su suicidio es consecuencia de cierto desequilibrio mental provocado por una frustración existencial minuciosamente analizada por Delibes, pero los guionistas deciden culpabilizar sobre todo a la guerra, a una guerra que en 1976 había posibilidades de que se repitiera. Que pongan en boca de Cecilio la frase «¡Puta guerra!» antes de tirarse por el balcón puede verse como una temerosa advertencia.

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