Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Unamuno en el cine español (5): Las 4 novias de Augusto Pérez

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Quinta entrega de mi serie de artículos –publicados previamente en la web del Instituto Cervantes– sobre uno de nuestros grandes escritores: Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936). Su obra ofrece personajes con oscuros vericuetos psicológicos que el cine español, por ahora, ha aprovechado muy poco. Las cuatro novias de Augusto Pérez fue un intento de plasmar cinematográfica una de sus obras más complejas y afortunadas, Niebla.

La profunda y atormentada psicología de los personajes de Unamuno —comentada en los artículos previos— alcanza su máxima expresión en su novela más celebrada en el extranjero, Niebla (1914). Mediante un juego metaficcional casi tan célebre como el de Cervantes en el Quijote, el autor vasco lleva a su personaje principal hasta un punto de introspección tan extremo que acaba por trascender su propia realidad como ente de ficción. Augusto Pérez es otro de esos hombres apocados tan frecuentes en las nivolas de Unamuno, víctimas de su falta de voluntad y de las manipulaciones de las mujeres. Las cuatro novias que enuncia el título de esta adaptación no son más que su madre fallecida, su vieja criada, la primera joven de la que se enamora y otra a la que deseará después. Todas ellas provocarán su crisis interior.

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Esta versión fílmica —ambientada otra vez en una ciudad de provincias, espacio social opresivo que siempre resulta adecuado para los relatos unamunianos— dota a Augusto Pérez (Fernando Fernán Gómez) de unos rasgos sorprendentes dirigidos a destacar su comportamiento sexual más allá de lo que Unamuno se atreviera. En la novela sabemos que vive ociosamente gracias a la fortuna familiar y que su madre muerta dos años antes todavía condiciona su comportamiento respecto a las mujeres. En la película se incide desde el inicio en esa ociosidad —construye un barquito dentro de una botella— y en la necesidad de sustituir a su madre mediante un matrimonio con una mujer que le cuide, como le aconseja su maternal criada, incluso ofreciéndose ella misma para tal propósito —cosa que no sucedía en la novela—. Pero, además, José Jara se arriesga a caracterizar de un modo especialmente morboso a Augusto Pérez mostrándonos su pornofilia —ve diapositivas eróticas mientras escucha gemidos grabados en un magnetófono—, su fetichismo —viste y desviste a un maniquí femenino—, su necrofilia —guarda amorosamente los cabellos de su madre muerta—, e incluso su pedofilia —imagina desnuda a una niña que juega en la calle—.

Su pertinaz soltería, por tanto, se presenta con unos matices sexuales que, si bien no son del todo inexistentes en la novela, acaban por anular completamente el lado espiritual del personaje, cuyas emotivas reflexiones constituyen el núcleo de la narración unamuniana. De hecho, la película renuncia al monólogo interior que tan buen resultado da en la novela para comprender las angustias existenciales que experimenta Augusto desde que conoce por primera vez el amor hacia una mujer, hacia Eugenia (Charo López), y luego, una vez abierta esta válvula, el deseo hacia todas las demás. Deseo que en la película —no en la novela— consigue satisfacer acostándose con la joven sirvienta de su casa (Norma Kerr). A pesar de conservar el principal hilo argumental del libro, aquí apenas se pregunta sobre la naturaleza del amor ni sobre la razón de su propia existencia.

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Este existencialismo se expresa en la novela mediante la rebelión del personaje contra su autor, el propio Unamuno, y el posterior asesinato de Augusto por su creador, es decir, Dios en la lógica cristiana del novelista. La película renuncia a esa presencia divino-paternal y convierte la última crisis del personaje en una pesadilla —dormir, soñar, morir, se dice calderonianamente— donde Augusto dialoga consigo mismo sobre la idea del suicidio, y donde los demás personajes comparecen en su frustrada boda con Eugenia —la influencia de Buñuel en este tramo es evidente— antes de acabar en una muerte que dentro de la ficción no puede ser más que real.

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2 pensamientos en “Unamuno en el cine español (5): Las 4 novias de Augusto Pérez

  1. Tulay87 en dijo:

    hay una posibilidad de encontrar la película por Internet?

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