Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Pérez Galdós en nuestro cine (5): Marianela (1972)

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Quinta entrega –recientemente publicada en la sección Rinconete de la web del Instituto Cervantes– de mi serie de artículos sobre las adaptaciones cinematográficas de las obras de Benito Pérez Galdós. Como representante máximo del realismo decimonónico, el escritor canario supo como nadie dar testimonio de su época mientras analizaba con detalle los más intrincados conflictos psicológicos de sus personajes. En esta ocasión abordamos la segunda adaptación de Marianela, tan diferente de la anterior de Benito Perojo, ya comentada. 

En los años setenta Galdós fue una presencia constante en el cine y la televisión españoles después de haber sido arrinconado durante gran parte del franquismo debido a sus tendencias socialistas y anticlericales. La apertura del tardofranquismo permitió su redescubrimiento fílmico y que, tres décadas después de la versión de Benito Perojo, Marianela volviera a las pantallas de cine. Comparar ambas versiones resulta muy esclarecedor de las posibilidades que ofrece una misma obra para suavizar o remarcar los aspectos más controvertidos de su contenido.

Como dijimos en el artículo anterior, en la versión de 1940 el realismo de Galdós se había matizado mucho con su embellecida descripción de la vida minera y rural y la simplificación psicológica que se operaba sobre su protagonista para subsumirla en la más estricta ortodoxia católica. La versión de Angelino Fons, por el contrario, pretendió acercarse más que la propia novela a la turbia realidad que circundaba a sus personajes.

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Desde sus paisajes cubiertos de brumas hasta los mineros tiznados de rojo, pasando por la miserable cuadra donde Marianela pernocta entre dos cestas, o el detallismo de la operación quirúrgica de los ojos de Pablo, todo denota su apuesta por un desagradable realismo. La suciedad circundante está muy lejos de la pulcritud de los decorados que prevalecía en los años cuarenta y que tan mal casaba con una propuesta naturalista. Pero Angelino Fons va más allá de estos aspectos escenográficos. La dura vida minera sirve para dar un toque de realismo social y, además, es aprovechada narrativamente para introducir mediante flashbacks el origen de las deformidades físicas de Marianela. En esta versión su fealdad es producto de un accidente en la mina provocado por una borrachera de su madre (Julieta Serrano) mientras celebra la muerte de su marido infiel. Las marcas de su rostro y su cuerpo son, de este modo, un recuerdo de la mísera vida de su progenitora.

Además, Marianela no solo sufre esas deformidades que afean un rostro que podría ser bello —está interpretada por Rocío Durcal—, sino que se acentúa el carácter salvaje de su personalidad. Su madre curó sus heridas a lametazos como una loba y todo el tiempo su comportamiento denota su plena comunión con la naturaleza. Alfredo Mañas, su guionista, remarca este rasgo cuando se queda sin su única ocupación, la de servir de lazarillo a Pablo (Pierre Orcel), y se va a vivir sola en las montañas hasta que la encuentra el doctor Golfín (José Suárez). La escena final de su muerte, cuando Pablo la reconoce, no se explica en ningún momento por motivos espirituales, sino que parece producto de las heridas sufridas durante su vida salvaje. La propuesta realista de Angelino Fons se ve confirmada cuando renuncia en el último plano a embellecer el rostro de Marianela, como hacía Perojo siguiendo el texto de Galdós. Aquí nos quedamos con la pura y dura realidad de un rostro demacrado lleno de heridas.

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La apertura censora se aprovechó para ser también más realista en el terreno sexual, de modo que los pechos femeninos cobran una importancia desconocida en la obra de Galdós. Pablo se atreve a tocar los de Marianela, esta enseña al doctor las marcas que tiene en ellos, y, en una escena totalmente inventada para la película, Pablo sufre las burlas de unas aldeanas que aprovechan su ceguera para mostrar los pechos al aire y obligarle a tocarlos. Sin duda, son escenas impensables en otra época, que parecen contrarias a la delicadeza que muestra la novela, pero que inciden en el aspecto más carnal del drama sin desvirtuar su sentido final: la separación entre la belleza física y la espiritual.

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3 pensamientos en “Pérez Galdós en nuestro cine (5): Marianela (1972)

  1. David Fons en dijo:

    Muchas gracias por este magnífico artículo sobre mi padre y su película Marianela, sinceramente.

    David Fons

  2. Le agradezco mucho su artículo, mi más sincera enhorabuena.

    David Fons

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