Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Lope de Vega en nuestro cine (5): La dama boba (2006)

LA DAMA BOBA

Ya está publicada en la sección Rinconete de la web del Instituto Cervantes mi quinto artículo sobre las adaptaciones cinematográficas que el cine español ha realizado de Lope de Vega. Siguiendo la estela de El perro del hortelano de Pilar Miró, diez años después se intentó repetir la jugada con una adaptación totalmente en verso, pero sin la misma fortuna crítica ni de público. 

El éxito de El perro del hortelano (Pilar Miró, 1996) sirvió para demostrar a los productores que el público cinematográfico podía aceptar una película hablada totalmente en verso, igual que lo aceptaba en las representaciones de teatro clásico. Así que, diez años después, cuando Miguel Narros propuso a Manuel Iborra que adaptara La dama boba, la idea ya no podía parecer tan descabellada. Al fin y al cabo, este Lope de Vega compartía con aquel el tono ligero de las comedias de enredos amorosos y era igualmente accesible para el espectador moderno.

La particularidad argumental de esta obra se encuentra en el carácter bobalicón de su protagonista y en el poder educativo que se le concede al amor. Finea es tonta de remate, pero su cuantiosa dote la hace muy atractiva para sus pretendientes. Liseo es su prometido por poderes, pero cuando descubre su estupidez prefiere cortejar a su hermana Nise, muy ilustrada pero con una dote cuatro veces menor. Laurencio, por su parte, prefiere el dinero y, por tanto, posa sus ojos en Finea después de haber cortejado a Nise. Este intercambio de parejas se complica en el tercer acto porque Nise rechaza a Liseo, mientras que Finea deja de ser idiota por el poder del amor. Liseo, en consecuencia, cambia de opinión y vuelve a pretenderla. Pero ella, enamorada de Laurencio, decide fingirse boba para esquivarle. Por si fuera poco, Otavio, el padre, se opone a sus relaciones con estos pretendientes.

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Como en El perro del hortelano, la adaptación de Manuel Iborra consistió en recortar grandes fragmentos del texto teatral que por su extensión y reiteración no resultaban dinámicos para el cine. Incluso fusionó los personajes de las criadas Celia y Clara en una sola, y eliminó a Turín, el criado de Liseo. Se minimizaron, por tanto, las intervenciones de los personajes secundarios que suelen acompañar a los galanes y damas en este tipo de obras, con el objetivo de centrar la película en el núcleo argumental. Y curiosamente, Otavio, el padre, pasó a ser Otavia, para que pudiera ser interpretada por Verónica Forqué, esposa del director. Lo que no impide que este personaje se comporte masculinamente, incluso empuñando la espada para oponerse a las relaciones de sus hijas, cosa que no sucede en la obra.

Y es que La dama boba tiene un tono feminista muy evidente. Sus mujeres eligen a sus amantes sin autorización paterna, aunque sea con el objetivo de casarse. La cultura que Nise (Macarena Gómez) posee y Finea (Silvia Abascal) adquiere las colocan en una posición refinada, muy por encima de sus pretendientes, por lo que acaban llevando las riendas del conflicto amoroso. Por su parte, la película incide en el carácter materialista y cínico de Laurencio (José Coronado), y en los ademanes petulantes y afeminados de Liseo (Roberto San Martín), colocándolos, por tanto, en una posición subordinada a ellas. Aunque en la conclusión también acaben elevados moralmente por gracia del amor.

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El principal problema de la película se encuentra en el extraño tono cómico que tiene. Los actores no parecen haber encontrado el modo adecuado de recitar sus diálogos, rápidos y cortantes, a pesar de contar con la misma maestra que los actores de El perro del hortelano, Alicia Hermida. Es acertada la introducción de acciones (peleas de espada, apasionados besos, el ruido del estómago de Laurencio…) que dan sentido y dinamismo a la película, pero la inconcreción espacial de Lope, lógica en la concepción teatral del Siglo de Oro, no se entiende en su versión fílmica. Se ha pretendido romper la unidad escénica de la obra, que trascurría casi toda en la casa, pero nunca sabemos bien dónde están los personajes, de dónde entran y salen. La iluminación y los decorados no hacen más que reforzar esta impresión de artificio, solo aceptable si consideramos que es una idealización de la vida muy propia de Lope. Pero los escasos espectadores que fueron a verla (70.000) seguramente no debieron comprenderlo así.

Desde entonces el cine español no ha vuelto a adaptar a Lope. Sin embargo, sí abordó con acierto su figura como personaje. En el próximo artículo veremos cómo Lope (Andrucha Waddington, 2010) consiguió recrear una época y acercarnos a una vida aventurera que estaba inédita en nuestro cine.

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