Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Películas de ficción de Argencine 2013

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Esta semana, en el cine Palafox, hemos podido disfrutar de la cita bienal de Argencine para descubrir una selección del último cine surgido en Argentina. Debido a los estrechos lazos existentes entre empresas de producción y distribución de ambos lados del Atlántico, y a su indudable nivel artístico y comercial, Argentina no es una cinematografía desconocida en España, pero eso no significa que no sufra para abrirse camino en nuestras pantallas. Desde fuera del circuito comercial, Argencine ha servido para mostrarnos, una vez más, la vitalidad de una cinematografía que, a diferencia de la nuestra, cuenta con el apoyo de su público.  

A juzgar por los llenos observados en el cine Palafox, está claro que existe un público interesado en estas ofertas siempre y cuando el precio sea asequible -la entrada costaba solo 3€-. A buen seguro, la recaudación de la sala donde se ha desarrollado la muestra habrá sido sensiblemente mayor que en las otras dos donde se proyectaban estrenos, uno de ellos, curiosamente, también argentino, Mi primera boda (Ariel Winograd, 2011). Estrenada dos años después que en su país, no es precisamente el mejor ejemplo de esta cinematografía. No es más que otra convencional comedia de enredo sin apenas diferencia con tantas otras que nos vienen de Norteamérica con el pretexto argumental de una boda.

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Ya dentro de Argencine, tampoco Corazón de león (Marcos Carnevale, 2013) se distingue en demasía –solo en la reducida estatura del galán- de tanto otras comedias románticas de previsible final feliz. No es que nos molesten los finales dichosos, pero sí los finales forzosamente felices por gracia del guionista, no por la lógica narrativa o psicológica de los personajes. Con todo, es inevitable sonreír en gran parte de la película gracias al acierto del reparto y, en especial, el encanto de su protagonista, Guillermo Francella, un auténtico seductor a pesar de la reducción de estatura sufrida gracias a unos espléndidos efectos especiales.

También en el ámbito de la comedia, Ni un hombre más (Martín Salinas, 2012) pone en un juego una serie de personajes grotescos junto a dos cadáveres en un espacio reducido -un solitario hotel de carretera- para intentar divertirnos con un humor negro no muy bien calibrado. Conmigo no lo consiguió, pero cierto es que parte del público rió con ganas.

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Aunque La corporación (Fabián Forte, 2012) también contenga cierto humor, nos adentramos con ella en los terrenos sombríos que han dominado en la muestra. Con una premisa básica -la posibilidad de que una empresa proporcione cualquier cosa para alcanzar la felicidad de sus clientes, incluso una esposa- estirada en demasía para desembocar en una conclusión muy previsible, logra, no obstante, que compartamos la desazón de su protagonista (Osmar Núñez) cuando descubre que no todo se puede comprar. Que la soledad no se puede combatir con un acto de consumo.

También el matrimonio es el eje central de la película titulada, precisamente, Matrimonio (Carlos Jaureguialzo, 2013). En este caso estamos ante un análisis minucioso de una momentánea crisis conyugal, observada desde lo divergentes puntos de vista de los cónyuges durante un único día. Darío Grandinetti y Cecilia Roth sostienen con sensibilidad una historia con más complejidades que las apreciables a primera vista.

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La relación matrimonial de Natalia Oreiro y Diego Peretti en El médico alemán (Lucía Puenzo, 2013) también parece sufrir una crisis cuando aparece en sus vidas el mismísimo Josef Mengele -el médico del nazismo- con propósitos inconfesables hacia su hija. Es inevitable verla con interés pero la inconsistencia de la reacciones de los personajes, sobre todo en su tramo final, echa por tierra el interés inicial. La habitual frialdad de Àlex Brendemühl, en el papel del médico, encaja en esto caso perfectamente con el clima de la película.

Del nazismo pasamos al peronismo en Puerta de Hierro: el exilio de Perón (Dieguillo Fernández y Víctor Laplace, 2012), acartonada recreación de los años que el General Perón pasó en Madrid a la espera de volver a su país. A pesar de ser una descarada hagiografía -declarada de interés nacional por el Senado argentino-, podría haber sido interesante, pero los flagrantes errores de ambientación –¿por qué se ha recreado Madrid en Santiago de Compostela?-, la inacabable y artificial retórica de su actor principal (Víctor Laplace), y la absurda introducción de una amiga de ficción (Natalia Mateo) que nada aporta al conjunto, da como resultado una propuesta insostenible.

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La película que justificaría por sí sola la muestra y cualquier festival donde compitiere es De martes a martes (Gustavo Triviño, 2012), una de las más sobrias propuestas de cine negro que haya visto últimamente. Con un protagonista inolvidable -interpretado por el debutante Pablo Pinto- cuya parquedad de palabras es compensada con acierto por su elocuente mirada, nos adentramos en un narración de múltiples pliegues, con ambigüedades siempre estimulantes. La fortaleza física y impasibilidad del personaje oculta un intenso interior, una mente quizá perturbada que nos hace dudar si oculta una moral muy particular o simplemente carece de ella. Sin duda, fue la gran sorpresa de la muestra.

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