Crítica en 200 palabras (o casi): Platero y yo (1965)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★ (Espero no volver a verla).
Ahí va la crítica:
Platero y yo (Alfredo Castellón, 1965): Difícil es adaptar al cine Platero y yo, la obra de Juan Ramón Jiménez con la que se nos torturó a toda una generación de escolares. Sin un hilo narrativo claro, pues en realidad sus cortos capítulos son más bien poemas en prosa que recrean las sensaciones de su autor durante su juventud, Alfredo Castellón en realidad solo pudo inspirarse muy lejanamente en esa obra. Aquí Platero apenas tiene protagonismo, es un elemento infantil sin importancia en una trama protagonizada por un Juan Ramón Jiménez ya adulto que vuelve a su pueblo, Moguer, desencantado de la vida cosmopolita. Es realmente ridícula su relación con el animal, pero todavía más las que se inventan los guionistas con dos mujeres, la rica heredera y la pobre loca, con las que traba amistad y nada más que amistad. Se introducen otros temas al tuntún, sin concretarlos, como el del conflicto entre el alcalde, un rico ganadero, y los agricultores, presentado como la causa principal de la emigración, por lo que narrativamente es una película deslavazada. Como además la puesta en escena es realmente muy tosca, sin el asomo de la poesía que uno desearía, más vale que este bodrio siga en el olvido.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


