Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Pérez Galdós en nuestro cine (10): Sangre de mayo (2008)

Sangre_De_Mayo

Décima y última entrega –ya publicada en la sección Rinconete de la web del Instituto Cervantes– de mi serie de artículos sobre las adaptaciones cinematográficas de las obras de Benito Pérez Galdós. Como representante máximo del realismo decimonónico, el escritor canario supo como nadie dar testimonio de su época mientras analizaba con detalle los más intrincados conflictos psicológicos de sus personajes. Sus famosos Episodios nacionales tuvieron aquí su primera y única aparición cinematográfica.

Un dato significativo que demuestra lo infrautilizada que ha sido la historia de España por nuestra cinematografía es el hecho de que los Episodios nacionales, la más ambiciosa obra de Benito Pérez Galdós, no hayan servido a ningún cineasta de fuente de inspiración hasta fecha muy reciente. Los cuarenta y seis libros que componen este monumental recorrido por los principales acontecimientos del siglo XIX son un material perfectamente adaptable debido al dinamismo con el que Galdós supo engarzar las aventuras de sus personajes ficticios dentro de los hechos históricos. Sin embargo, hasta 2008 nadie aprovechó este material.

Ese año se cumplía el bicentenario del alzamiento de los madrileños contra los invasores franceses, por lo que la Comunidad de Madrid decidió celebrar esta efeméride encargando a José Luis Garci, a través de Telemadrid, la realización de un largometraje de gran presupuesto sobre el asunto. Las novelas La corte de Carlos IV y El 19 de marzo y el 2 mayo, segunda y tercera, respectivamente, de la primera serie de los Episodios nacionales, trascurren entre los días previos al motín de Aranjuez y la noche de los fusilamientos del Dos de Mayo, por lo que eran perfectas para este cometido.

Sangre 2

Si nos olvidamos del carácter institucional que tenía el proyecto, y que llega a manifestarse de manera demasiado evidente en su conclusión con una sucesión de imágenes del esplendoroso Madrid previo a la crisis, la película en realidad tiene el habitual aire nostálgico de las películas de su director. Si atendemos a sus palabras en la introducción, cualquiera diría que Madrid era un auténtico paraíso hasta que llegaron los franceses. El excesivo tono dorado de la fotografía quiere dar precisamente una impresión de época áurea ya desaparecida. En cambio, en su desarrollo y final se aleja del triunfalismo propio de este tipo de películas conmemorativas para desarrollar un discurso pesimista que, por lo demás, no procede de la obra de Galdós.

En el Madrid previo a la guerra de Independencia se desarrolla la vida del joven Gabriel (Quim Gutiérrez) y su prometida Inés (Paula Echevarría). De extracción popular, él intenta labrarse un porvenir al servicio de una dama de la corte (Natalia Millán), pero, después de tener un idilio con ella —lo que no sucedía en la novela, donde Gabriel apenas es un ingenuo adolescente— descubrirá que solo es un instrumento más de las intrigas palaciegas. La manipulación que sufre el protagonista puede entenderse como una sinécdoque de la sufrida por el pueblo español durante la historia, pues la intención principal de los guionistas es poner de manifiesto cómo los ciudadanos son manejados por los gobernantes. Si el motín de Aranjuez es una expresión máxima de esto mismo, el Dos de Mayo, sin embargo, se presenta como una inédita y espontánea reacción de libertad.

Sangre

Es, por tanto, una película que glorifica en exclusiva al pueblo de Madrid —solo se menciona de pasada el heroísmo de los militares Daoiz y Velarde— al mismo tiempo que se le presenta como víctima de los tejemanejes de Godoy, Bonaparte o los propios reyes de España. Pero, para evitar la simplicidad de este discurso populista, Garci, con muy poca sutileza, mediante un personaje secundario —un actor de teatro demasiado clarividente porque expresa sus ideas como si conociera el futuro—, nos argumenta que podrá ser digno de admirar el sacrificio de las gentes, pero que las consecuencias de su heroísmo en realidad fueron nefastas para España. El rechazo a las ideas liberales provenientes de Francia supondrá un atraso considerable para la nación y, en consecuencia, provocará nuevos cataclismos en los siglos XIX y XX, como bien deberían saber los espectadores del presente. Su pesimismo histórico y la necesidad de emocionar al espectador llevan finalmente a Garci a acabar con la vida de sus protagonistas —lo que no hacía Galdós— en los fusilamientos inmortalizados por Francisco de Goya.

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