Crítica en 200 palabras (o casi): La calle sin nombre (1948)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★ (Quizá la vuelva a ver).
Ahí va la crítica:
La calle sin nombre (The Street with No Name) (William Keighley, 1948): Dentro del cine negro existía un subgénero propagandístico que, con cierta pretensión documental, servía para ensalzar la labor policial. En esta cinta se muestra inicialmente la realidad del trabajo cotidiano del FBI y el riguroso proceso de selección de un agente para una misión especial. Afortunadamente, solo es el prólogo, ya que a continuación se desarrolla un típico relato de un infiltrado en una organización criminal. Es una premisa siempre atractiva por el suspense que comporta, y este caso no es la excepción. No hay grandes sorpresas en el guion, pero es una obra que fluye con el característico ritmo de los productos que salían de los estudios de aquella época, además de poseer una atmósfera bastante realista. Sin embargo, no consigue ser una gran película debido a su carencia de ambigüedad en la caracterización de los personajes. Siempre hay una línea muy clara entre los buenos y los malos, y dentro de ese maniqueísmo su protagonista es bastante menos atractivo que el villano. Y no porque el jefe de la banda sea un personaje especialmente interesante, sino porque lo encarna Richard Widmark con su magnetismo habitual. En el otro lado, Mark Stevens palidece como un soso instrumento del estado.
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


