Crítica en 200 palabras (o casi): Flashdance (1983)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★ (Espero no volver a verla).
Ahí va la crítica:
Flashdance (Adrian Lyne, 1983): Este es el ejemplo perfecto para los que gustan de despreciar las preferencias del público. Es difícil encontrar una película más insustancial desde el punto de vista dramático y más absurda en lo narrativo que, sin embargo, haya encandilado a tantos espectadores. Ya en la primera secuencia tenemos que asumir que una chica de 18 años trabaje de soldadora en unos astilleros y luzca tan bella como cuando baila en un club nocturno. Poco se dice de su vida, solo que vive en un magnífico estudio y que sus complejos de inferioridad le impiden intentar el ingreso en una academia de baile. En realidad, el éxito de la cinta se debió a dos elementos superficiales desligados del relato principal: las canciones de éxito que se suceden a modo de videoclips incrustados en la historia y un erotismo de baja intensidad asumible por el gran público. Lo que pasa entre medias poco importa, desde una insulsa relación amorosa con su propio jefe, hasta la amistad con sus compañeros de trabajo, todos ellos unos adolescentes mentales. Para colmo, se nota demasiado que las escenas de baile no las interpretó Jennifer Beals, ni siquiera con el pelucón que les pusieron a las dobles.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


