Crítica en 200 palabras (o casi): Wendy and Lucy (2008)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
Wendy and Lucy (Kelly Reichardt, 2008): Una joven viaja sola en coche hacia Alaska. No sabemos a qué va concretamente ni sus motivos para haber dejado a su familia, pues es una de esas películas que no dan mucha información al espectador. Con muy pocos elementos narrativos –el coche se avería, pierde a la perra que la acompaña, un viejo vigilante le ayuda a buscarla,…– y la labor superlativa de su única protagonista, Michelle Williams, su directora consigue conmovernos. Y no es porque se desarrolle ningún gran drama, sino más bien por su capacidad para hacernos sentir próximos a un personaje que nada tiene de especial, pues simplemente es un ser humano que padece algún tipo de desencanto vital. Es, por tanto, una película extremadamente realista a la vez que natural, que se apoya en una fotografía que, paradójicamente, encuentra su belleza en lo más feo de los lugares por donde transita. Es la inusual demostración de que un argumento minimalista puede llegar más hondo a la hora de describir el sufrimiento humano e, indirectamente, el estado de ánimo de un país, si nos ponemos sociológicamente interesantes. Anímicamente sería como Fat City (John Huston, 1972), pero sin el consuelo del alcohol o la camaradería.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


