Crítica en 200 palabras (o casi): Tierra de audaces (1939)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
Tierra de audaces (Jesse James) (Henry King, 1939): Los secuaces de una empresa ferroviaria compran a los granjeros sus tierras a precios miserables e incluso emplean la violencia si se resisten. La Ley no puede protegerlos en el lejano oeste, por lo que dos hermanos que han perdido a su madre por esa violencia se convierten en bandidos que asaltan constantemente el ferrocarril que les arruinó la vida. La simpatía del espectador está con ellos en todo momento, incluso cuando Jesse James pierde el norte y sus motivos ya no son tan justificables. Pero es que estamos en el terreno de la leyenda, siempre más bella que la realidad, sobre todo si se presenta en Technicolor, aunque en este sentido no sea la cinta más bella. La eficacia narrativa del mejor cine clásico se pone al servicio de una historia bien equilibrada entre el drama familiar, la aventura, el humor e incluso el suspense. Es de esas películas en las que comprendemos a los personajes a la primera mirada, pues están perfectamente retratados con pocas pinceladas, y donde la ambivalencia moral de la historia –se llega a justificar el asesinato con cierto humor no exento de amargura– queda supeditada a la diversión por encima de cualquier otra consideración.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)



Rafa, has obrado sensatamente viendo esta excelente película de Henry King como preludio a abordar su continuación o segunda parte: «La venganza de Frank James» de Fritz Lang, la cual no es menos excelente pero tampoco más. ¡Ah, qué tiempos aquéllos en que Hollywood sólo recurría muy esporádicamente a la triquiñuela comercial de hacer secuelas de sus grandes éxitos, y cuando las hacía solían ser mucho mejores que las actuales! (Mención aparte merece el que, cómicamente, «secuela» sea una palabra que tiene implicaciones clínicas de enfermedad maligna e infecciosa.)
Mis sentimientos hacia Henry King son ambivalentes, si he de juzgar a partir de mi conocimiento muy parcial de su filmografía. Del centenar largo de filmes que dirigió, sólo he visto 16 hasta ahora, y hay de todo en ese lote. Creo que no era un genio ni un maestro, sino un aplicado artesano con ciertos ramalazos autorales, de quien generalmente se podía esperar una artesanía sólida pero no una inspiración torrencial. Sus resultados dependían mucho del grado de afinidad intuitiva que sintiera con el material que le imponían los productores, así como de la calidad de los guiones y los equipos técnicos y artísticos que le asignaran. Casi siempre trabajó realizando encargos ajenos y casi nunca acometió proyectos propios.
De momento mi favorita es su magnífica y sentimental película muda de 1921 titulada «Tol’able David». (Tengo entendido que las ediciones en DVD traducen su título, muy inapropiadamente, como «David el duro», cuando en puridad debería ser «El aceptable David».) Considero que son bastante buenas, aunque no tanto como la antedicha, «Chicago», «Tierra de audaces», «El cisne negro», «El pistolero», «David y Betsabé» y «El vengador sin piedad». Por contra, «Las nieves del Kilimanjaro», «La colina del adiós», «Días sin vida» y «Suave es la noche», y también su breve episodio para «Cuatro páginas de la vida», no pasan de una discreta medianía. Y me parecen muy mediocres o directamente malísimas «La canción de Bernadette», «Almas en la hoguera», «Carrusel» (curiosamente, ésta es una nueva adaptación, todavía peor, de la misma obra teatral de Ferenc Molnar que sirvió de base a «Liliom» de Fritz Lang, y que en otras ocasiones también fue llevada al cine nada menos que por Michael Curtiz y Frank Borzage) y «Fiesta».
Está ya algo lejano mi recuerdo de «Tierra de audaces», pero pienso que, si no me es infiel la memoria, las sensaciones y reflexiones que me provocó -lo mismo las cinematográficas que las extracinematográficas- fueron idénticas a éstas tuyas recientes que tan bien has descrito. Así, pues, hoy no puedo menos que aplaudirte sin ninguna reserva y con absoluto entusiasmo.
Me apunto esa de «David el duro». Y también quiero ver «Carousel», que digas que es tan mala me da más curiosidad aún.
Jajaja, «Carrusel» será para ti un placer culpable o un cilicio masoquista. No creo que quepa una tercera opción. Y eso que «Carrusel» es un musical: mi género favorito, juntamente con la comedia y el melodrama (aunque sólo si sus cultivadores son cineastas capaces de dominar sus resortes). Pero tú prueba, ahora y siempre, claro que sí, y luego ven a contarnos los curiosos descubrimientos de tus exploraciones.
Antes no hice suficiente hincapié en tu certera observación de que en «Tierra de audaces» estamos en el terreno de la leyenda. Al parecer, el verdadero Jesse James tenía mucho más de psicópata sanguinario que de Robin Hood, y las gloriosas hazañas atribuidas a él que figuran en el imaginario popular tienen una base histórica muy tenue, cuando no inexistente.
Pero en el Oeste, cuando la leyenda es más hermosa que la realidad, imprimimos la leyenda. ¿De qué nos suena esta frase?