Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Crítica en 200 palabras (o casi): Liliom (1934)

Liliom

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.

Formato de proyección: DVD.

Valoración: ★ (Espero no volver a verla).

Ahí va la crítica:

Liliom (Fritz Lang, 1934): En M, el vampiro de Dusseldorf (1931) podíamos llegar a compadecer a un asesino y violador de niñas que actuaba por impulsos patológicos irrefrenables, pero a este Liliom que maltrata a su mujer sin miramientos ni arrepentimientos es imposible de perdonarlo como espectadores. El irritante Charles Boyer encarna a un ser despreciable, antipático y estúpido con el que es imposible empatizar, haciendo realmente incompresible que su pavisosa esposa lo soporte e incluso lo ame. Un genio del cine podría habérnoslo hecho verosímil, pero no es este el caso. Fritz Lang nos ofrece una apología del maltrato sin ningún paliativo estético o ético y, lo que es peor, aburriendo con una narración morosa e imprecisa, que parece que va a derivar hacia el cine negro –el protagonista planea un crimen con un amigo–, para luego desembocar en la comedia fantástica en una parte final que trascurre en el cielo. Allí, los ángeles dan al protagonista otra oportunidad de redimirse, pero es la película la que no consigue esa remisión. Lo que pudo parecer una gran idea sobre el guion, en pantalla resulta bastante ridículo. Esta parada en Francia antes de comenzar su carrera en Hollywood es perfectamente olvidable.

Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)

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Un pensamiento en “Crítica en 200 palabras (o casi): Liliom (1934)

  1. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    Hoy estoy de acuerdo contigo casi por entero, Rafa, ya que has triunfado en tu empeño por sintetizar, sobriamente y con absoluto acierto, las tres lacras principales de este filme más irritante que entusiasmante: su ritmo premioso y mal medido; la ausencia de una mirada severamente crítica hacia un personaje masculino que es una escoria humana y, no obstante, es tratado por Fritz Lang con una injustificable actitud de amable comprensión; y la introducción de una coda final, de una duración de alrededor de media hora -cuando ya parecía que la película iba a finalizar definitivamente-, ambientada en un Cielo donde no faltan los correspondientes angelitos (y angelitas) alados, que en manos de Frank Capra habría podido llegar a ser enternecedora pero que en este caso bordea lo ridículo.

    Ahora bien, siendo ésta una de las peores creaciones de Lang, no es a mi juicio tan mala como las dos que ya he declarado por aquí que aborrezco: «El ministerio del miedo» y «La tumba india». A pesar de los pesares, una de las ventajas de los grandes genios es que aquéllas de sus obras que están realizadas por ellos en horas bajas suelen encerrar detalles, fragmentos y hasta secuencias enteras que valen más que las obras completas de miles de sus colegas de profesión comodones y rutinarios. Yo opino que hay en «Liliom» un cierto número de pequeñas compensaciones que bastan para no condenarla inapelablemente a la hoguera y para que la experiencia de verla no acabe de constituir una odiosa pérdida de tiempo (por mucho que se acerque a ello).

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