Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Crítica en 200 palabras (o casi): La mujer en la Luna (1929)

Mujerluna

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.

Formato de proyección: DVD.

Valoración: ★★★ (Quizá la vuelva a ver).

Ahí va la crítica:

La mujer en la Luna (Frau im Mond) (Fritz Lang, 1929): Lang acaba el periodo mudo con una película tan fundamental para historia de la ciencia-ficción –a la altura del primitivo viaje de Méliès– como sorprendente por su minuciosidad técnica. Por supuesto, a pesar de sus aciertos científicos su plasmación en imágenes parece muy ingenua vista hoy, casi al nivel de una aventura de Tintín, pero en eso mismo reside parte de su encanto. Otra cosa es su morosidad a la hora de arrancar la aventura, pues al director parece divertirle más el desarrollo de otra trama a lo Mabuse, con una sociedad secreta y un villano transformista que quiere aprovechar el viaje a la Luna para sacar beneficio económico, que lanzarnos a la pura aventura viajera. Los protagonistas tampoco parecen tener ambiciones más sanas, pues van desde la pura vanidad aventurera a la simple codicia aurífera, pero en este tipo de historietas no se pide demasiada verosimilitud psicológica. La parte que trascurre en la Luna es la menos creíble, pero también la más dinámica y la que seguramente más permanezca en la memoria del espectador. Porque además allí se da una conclusión sorprendente y muy romántica al triángulo amoroso que nos ha tenido en vilo todo el metraje.

Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)

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3 pensamientos en “Crítica en 200 palabras (o casi): La mujer en la Luna (1929)

  1. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    Hace ya más de 40 años que vi por primera y única vez esta película de Fritz Lang. (Por cierto que la copia proyectada entonces en la sala de cine llevaba el título español de «Una mujer en la Luna» y no «La mujer en la Luna»; el primero de ellos me parece más adecuado y correcto, sin olvidar que la traducción literal del original alemán es un simple y no muy castellanizable «Mujer en la Luna»; mas por lo visto circulan versiones que según los casos adoptan un título u otro.) En consecuencia, mis recuerdos e impresiones de ella son ya un tanto difusos… y sin embargo parecen ser casi idénticos a los actuales de nuestro querido bloguero.

    Lo que no se me ha borrado en absoluto es la sensación que en aquel tiempo experimenté de que el filme se iniciaba con un ritmo más bien moroso y cansino, fatigoso y reiterativo, pero de pronto, aproximadamente a mitad de su metraje -cuando los espectadores ya casi comenzaban a desesperar-, se volvía muy ágil, ameno y encantador, hasta el punto de dejar al final un sabor de boca bastante agradable. Mucho menos entrañable y satisfactoria habría resultado la experiencia de haber sucedido al revés, es decir, si el filme se hubiera iniciado de manera entretenida y absorbente para finalizar sumergido en la pesadez y el aburrimiento.

    Al hilo de todo esto, aprovecharé para hacer una nueva aportación a la discusión que en este blog se desarrolla intermitentemente acerca de la verosimilitud o inverosimilitud, lo creíble y lo increíble, dentro de una representación cinematográfica. Ayer vi por quinta o sexta vez la monumental «Ran» de Akira Kurosawa, que yo tengo por la mejor película de su autor -y eso que las he visto casi todas- después de «El escándalo». Pues bien, en uno de los diversos contenidos extra que incluye su edición en blu-ray aparece algún colaborador del maestro japonés relatando que durante el rodaje le argumentaron a éste que tal o cual detalle de la narración no era nada real; y el maestro japonés, naturalmente impacientado y contundente, replicó: «¡A paseo con lo real! ¿A quién le importa lo real? Un verdadero artista no plasma la realidad exterior, sino que inventa su propia realidad.»

    Existe un bonito refrán que ilustra la diferencia básica que hay entre el vulgar periodismo y la alta literatura: el periodismo es una mentira hecha a base de verdades, en tanto que la literatura es una verdad hecha a base de mentiras. A mi entender, ésa misma es la diferencia básica que hay entre el realismo costumbrista y la fantasía imaginativa, con todas las excepciones que se quiera.

    • Yo matizaría que con verdades también se puede hacer una gran verdad, que es donde entraría el realismo real, valga la redundancia. Las fantasías, como este viaje a la Luna, también deben ser coherentes con sus reglas, y Fritz Lang lo es aunque nos parezca ingenuo desde el punto de vista técnico.

  2. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    Me veo precisado a recurrir otra vez al argumento de autoridad citando a dos brillantes comentaristas (en general bastante más brillantes en su faceta de comentaristas que en su faceta de cineastas).

    FRANÇOIS TRUFFAUT: Habitualmente no hay realismo en el gran cine clásico norteamericano, no, nada de realismo, sino algo mucho más importante: una gran verdad. Una pareja se separa; en la vida real es una escena muy triste, pero en «Un americano en París» o en «Cantando bajo la lluvia» es una escena mil veces más desgarradora y nos toca infinitamente más el corazón.

    WILLIAM FRIEDKIN: Examinada desde el punto de vista de la verosimilitud, la película «Vértigo» es un fiasco absoluto porque su trama está llena de hechos y giros escasamente plausibles. Examinada desde el punto de vista del lirismo poético, es un logro absoluto porque su atmósfera tiene la fascinación de un hipnótico sueño submarino o de una narración gótica a lo Edgar Allan Poe; y, despreocupándose olímpicamente de cualquier otra cosa, va directa al grano, sin rodeos, de las dos cuestiones que más incumben a todos los seres humanos (una vez que han satisfecho su necesidad de alimento y cobijo): el amor y la muerte.

    En cuanto a mí, que me den un Hitchcock, un Minnelli o un Donen & Kelly, cualquier día a cualquier hora, antes que un Renoir o un Rossellini… aunque éstos últimos hayan hecho unas cuantas buenas películas, que por otra parte no son tantas ni tan buenas como se dice.

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