Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Crítica en 200 palabras (o casi): Metrópolis (1927)

Metropolis

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.

Formato de proyección: Blu-ray.

Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).

Ahí va la crítica:

Metrópolis (Fritz Lang, 1927): Hasta 2008 no se pudo ver íntegra esta mítica cinta, lo que no le impidió ser una de las películas más influyentes de la historia del cine. Las incongruencias narrativas producidas por los cortes de los distribuidores casi desde su estreno importaron poco frente a su brillante imaginería arquitectónica y su fascinante puesta en escena. Ahora, recompuesta narrativamente –todos los personajes tienen ahora sentido– y recuperada toda la fuerza dramática de un montaje al que ya no le faltan planos, resplandece como una obra prácticamente perfecta en su puesta en escena. Otra cosa es su argumento, indigerible hoy en día por su simpleza ideológica. Bajo una indisimulada inspiración cristiana, se nos pretende convencer de la posibilidad de alcanzar la armonía social mediante el “corazón” sin discutir las bases de un sistema claramente injusto, pues la clase trabajadora vive bajo tierra mientras los dirigentes y sus hijos gozan de una sana vida al aire libre. El corporativismo propio de los regímenes fascistas tiene, por tanto, aquí una representación cinematográfica muy espectacular y trepidante, digna de mejor causa. De todos modos, los espectadores de hoy la pueden disfrutar igualmente como una fantasía futurista sin necesidad de plantearse ese oscuro trasfondo político.

Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)

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2 pensamientos en “Crítica en 200 palabras (o casi): Metrópolis (1927)

  1. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    Yo no siento un aprecio excesivo por «Metrópolis», y eso que la he visto dos veces en la Filmoteca. La primera vez fue allá por el año 1982, en una copia en 35 mm de una versión muy mutilada que apenas llegaba a la hora y media de duración; la segunda vez fue allá por el año 2012, en una copia digital de la versión íntegra que rebasaba las dos horas y media de duración.

    Afortunadamente, nunca vi la versión coloreada por ordenador lanzada en los cines de estreno de todo el mundo en 1984, que estaba musicalizada por Giorgio Moroder. Las aberraciones que las mentes incivilizadas pueden cometer con el patrimonio artístico mundial no conocen límites.

    Ninguna de las dos veces que la he visto dejó de invadirme una molesta sensación de aburrimiento e impaciencia. Para mí, en definitiva, «Metrópolis» es uno de los armatostes más sobrevalorados y pretenciosos de la Historia del Cine. No es que sea rematadamente mala, dado que siempre ofrece aquí y allá elementos que reaniman la atención de manera aceptable. Lo cierto es que quizá sí sea un filme recomendable para quienes deseen tener un completo conocimiento de primera mano de los hitos más influyentes de la evolución del arte cinematográfico desde sus inicios… aunque es éste un atractivo mucho más teórico que práctico, natural casi exclusivamente en un público muy especializado e intelectualizado, y que en realidad permitiría verla, como máximo, una sola vez y pare usted de contar, tras haberla tachado por fin de la larga lista de tareas pendientes en un currículum cinéfilo.

    Desengañémonos: Fritz Lang, el gran Fritz Lang, no está en «Metrópolis»; está mucho más allá. Es una de sus películas que menos me gustan; a decir verdad, las únicas que me gustan aún menos, de entre toda su filmografía, son «El ministerio del miedo» y «La tumba india» (malas de solemnidad ambas). «Metrópolis» pertenece a un grupito de obras suyas que, ya sea por falta de pericia o por exceso de celo, resultan medianamente tolerables pero globalmente fallidas según mi leal saber y entender; este grupito lo componen también «Harakiri», «M», «Liliom», «El hombre atrapado» y «El tigre de Esnapur». He de especificar que los únicos filmes de Lang actualmente no perdidos o destruidos que todavía no he visto son: «Las arañas», «La imagen errante», «Corazones en lucha», «Tú y yo» (por si alguien no se ha enterado, ésta no guarda ninguna relación con las dos maravillosas comedias románticas de igual título dirigidas por Leo McCarey, de las cuales una es un «remake» de la otra) y «Guerrilleros en Filipinas».

    Las razones de mi tibia estima por «Metrópolis» son estrictamente cinematográficas, y no tienen nada que ver con su ideología; al menos eso creo. (¡Todos nos conocemos tan poco a nosotros mismos!) Aun así voy a decir algo sobre este último aspecto. «Metrópolis» contiene un batiburrillo de ideas más bien confuso pero que oscila lastimosamente entre lo infantiloide y lo mesiánico. Supongo que no es casualidad que entusiasmara a Hitler y Goebbels por su «mensaje de justicia social», indignara a los directivos de la UFA por sus «tendencias marxistas», y fuera incluida por el Vaticano en su lista de «los 45 filmes más loables de todos los tiempos». Dime con quién andas y te diré quién eres.

    En cambio, una mente tan lúcida como la del insigne escritor británico H. G. Wells (por cierto, cultivador de la mejor ciencia-ficción, según sabemos todos) dictaminó destempladamente con ocasión de su estreno: «Es prácticamente la más tonta de las películas. No creo que se pueda hacer una película más tonta. Procede de los grandes estudios UFA en Alemania, y al público se le ha insinuado que producirla ha requerido unos costes exorbitantes. Presenta un revoltijo de casi todos los posibles contrasentidos, tópicos, estupideces y perogrulladas referentes al progreso tecnológico y al progreso en general, aderezados con una salsa de ternurismo sensiblero de invención suya propia.» Pues bien, yo no sería tan acerbamente hostil contra «Metrópolis», pero tengo la impresión de que Wells tampoco erró demasiado el tiro.

    Ardo en deseos de que llegue el día en que dentro de este blog examinemos esas magníficas cintas que son «La mujer del cuadro», «Perversidad», «Encubridora», «Deseos humanos» y «Más allá de la duda»; y, ante todo y sobre todo, esas obras maestras que son «Los sobornados», «Moonfleet» y «Mientras Nueva York duerme». Tan inolvidables creaciones de Fritz Lang, del gran Fritz Lang, no perderán nada de su absoluta vigencia, pienso yo, mientras la vieja Tierra siga girando.

    • Ciertamente, estoy acabando la etapa muda de Lang y ninguna de sus películas ha merecido mi máxima calificación, cosa que sí tendrán varias de las sonoras, si mi recuerdo de ellas no me engaña. «Metrópolis» me ha sorprendido a mí mismo, porque me ha gustado más de lo que recordaba, por primera vez no se me ha hecho pesada, al contrario, sino que me ha parecido bastante dinámica. Como siempre, nunca nos podremos fiar del todo de nuestras apreciaciones del pasado.

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