Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Crítica en 200 palabras (o casi): Las aventuras de Gerard (1970)

Gerard

Lugar de proyección: Sala 1 del Cine Doré (Filmoteca Española).

Formato de proyección: 35mm.

Valoración: ★ (Espero no volver a verla).

Ahí va la crítica:

Las aventuras de Gerard (The Adventures of Gerard) (Jerzy Skolimowski, 1970): Ignoro si los relatos protagonizados por el napoleónico Brigadier Gerard tienen el mismo tono burlesco que vemos en esta adaptación. Lo que está claro es que cuesta imaginar que una obra de Conan Doyle pueda ser tan bobalicona como esta comedia, así que suponemos que Skolimowski no supo modular la presunta comicidad de las escenas ni contener la excesiva gestualidad de intérpretes como Eli Wallach, que encarna a un amanerado Napoleón, o Peter McEnery en el papel del presuntuoso protagonista. Incluso Claudia Cardinale, como una condesa española, está ridícula intentando bailar un poco de flamenco. Este Etienne Gerard solo empieza a caernos simpático en los últimos minutos por su insistente sobreactuación, pero cuesta demasiado llegar a ese punto. Sus aventuras durante la Guerra de Independencia española no son divertidas ni dinámicas, apenas se encuentra un rasgo de ingenio en ellas, y ni siquiera es un espectáculo bélico digno de recordar, lastrado por la insuficiencia de medios de esta coproducción europea con demasiadas ínfulas. En realidad es tan mala como muchas otras parodias del cine histórico rodadas por, por ejemplo, Mel Brooks o los Monty Python, aunque seguramente esta sea más antipática por sus elevadas pretensiones.

Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)

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3 pensamientos en “Crítica en 200 palabras (o casi): Las aventuras de Gerard (1970)

  1. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    Yo no he visto esta película de Skolimowski, ni me han entrado nunca ansias de verla… y menos aún me entran después de leer tu comentario. No obstante, hace ya muchos años que guardaba en mi biblioteca «Las hazañas del brigadier Gerard» y «Aventuras de Gerard», los dos volúmenes que Sir Arthur Conan Doyle dedicó a este personaje, los cuales encierran diecisiete cuentos y suman en total unas 430 páginas. Hasta ahora no los había leído, y al recorrer esta crítica tuya me la tomé como una señal del Destino que me instaba a leerlos sin más demora. Muchas gracias.

    Al igual que tantos millones de lectores de todo el orbe, siento mucho cariño hacia las obras del entrañable Conan Doyle, que he disfrutado con cierta asiduidad. No es un escritor de primerísima fila, aunque sí cabe considerarlo como uno de los campeones de segunda división. Su fluidez, su fantasía y su amenidad son envidiables y deliciosas, aun cuando su cultivo del género de acción y aventuras no suela tener el peso específico y el profundo calado de un Rudyard Kipling o un Joseph Conrad, inclinándose más bien por los divertimientos frívolos e intrascendentes. Pero hay excepciones a esta regla y, sin ir más lejos, figuran dentro de su saga de Sherlock Holmes, a mi juicio, dos obras maestras absolutas de la literatura, detectivesca o no: la novela «El signo de los cuatro» y el cuento «Un escándalo en Bohemia», que son creaciones perfectas se las mire como se las mire.

    Ahora que acabo de finalizarlas, estoy en situación de decir que todas sus historias del brigadier Gerard me parecen buenas y que me han hecho pasar unas cuantas tardes bastante entretenidas. Los dos volúmenes que las contienen no son los mejores libros del mundo, pero distan infinitamente más de ser los peores. Su acción trepidante, su seductora picaresca, su humorismo bufo y su prosa vívida dejan un grato sabor de boca. Particularmente encantadora es su caracterización de los bandos enfrentados en las guerras napoleónicas: todos los españoles y portugueses son unos sádicos tarados, mientras que todos los franceses e ingleses -excepto si se da el caso de que se conviertan en viles traidores vendidos a la facción contraria- son unos nobles caballeros que han aprendido a masacrar al enemigo como personas civilizadas.

    Todo ello habría podido servir de base a una de esas estupendas películas de aventuras al estilo de las habituales de Michael Curtiz o de Henry Hathaway, o incluso del Walsh de «El mundo en sus manos» o del Huston de «La horca puede esperar». Ay, se conoce que no fue así. Jamás he visto uno solo de los filmes de Skolimowski, pero tengo entendido que, buenos o malos, casi siempre se caracterizan por una extrema seriedad y una preocupación sociocultural. Los productores que le permitieron llevar a la pantalla a Conan Doyle debían de estar tan despistados como los que buscaron a un realizador tan plúmbeo como William Wyler para dirigir la fallida comedia ligera «Vacaciones en Roma». Ya consignó una vez Henry James, memorablemente, que «el espíritu de la jovialidad, en algunas naturalezas frías, se manifiesta de un modo no enteramente afortunado: su esfuerzo por divertir y por divertirse recuerda en demasía al baño del hipopótamo».

  2. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    También ha servido para reafirmar mi tesis, que ya he expuesto repetidas veces y aún habré de exponer muchísimas más, de que lo importante en cualquier narración no es lo que se cuenta, sino la forma en que se cuenta y, sobre todo, el humor de quien lo cuenta. Compadezco infinitamente a las personas que, a la hora de elegir qué películas desean ver y qué libros desean leer, se guían por las tramas y los argumentos. No sospechan siquiera la cantidad de tesoros que así han dejado pasar, ni la plétora de engendros que todavía las aguardan si no deponen esa actitud.

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