Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Narradores del cine mudo japonés: Katsuben

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Es bien sabido que el cine mudo no era silencioso en realidad. No solo porque desde los inicios se acompañara la proyección cinematográfica con música –desde un piano a una orquesta completa–, sino también por la presencia de explicadores que comentaban las imágenes, como puede verse en la película Vida en sombras (Lorenzo Llobet Gracia, 1948). Hoy en día, es rara la oportunidad de presenciar algo aproximado a esa primitiva experiencia audiovisual, pero esta semana ha sido posible en la Filmoteca Española gracias a una sesión de cine japonés acompañada de un katsuben, el narrador tradicional de aquel país.

Presentó la sesión la investigadora Nieves Moreno, experta en katsuben o benshi, para introducirnos en el origen y evolución de este arte. Como mucho de lo concerniente a los orígenes del cine, el katsuben recogió influencias teatrales –del kabuki y el noh principalmente– que se adaptaron a las imágenes en movimiento. Por tanto, su labor no solo consistía en leer los intertítulos a una audiencia analfabeta, sino en guiar al espectador dándole un sentido particular a las imágenes, hasta el punto de constituirse en pieza fundamental del espectáculo junto al acompañamiento musical.

Colocado detrás o al lado de la pantalla, el katsuben introducía el filme antes de la proyección, se convertía en el narrador de la cinta, interpretaba diversos personajes –masculinos y femeninos– e incluso improvisaba comentarios o chistes. Su popularidad llegó a eclipsar a la de los propios actores, pues no era lo mismo ver una película narrada por un katsuben que por otro. Su compenetración con las imágenes era tan eficaz que los productores y directores empezaron a concebir sus películas teniendo en cuenta su presencia, lo que inevitablemente tuvo consecuencias estéticas en la configuración final de las películas. Tanto es así que incluso el cine sonoro tuvo dificultades en Japón para desplazar al cine mudo.

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A juzgar por la proyección de esta semana, no estaríamos muy alejados de las narraciones cómicas que en los años 40 Exclusivas Arajol introdujo en las viejas películas cómicas para relanzarlas como complementos en los cines. La dos películas proyectadas –Oatsurae Jirokichi gosho (Daisuke Itô, 1931) y Kodakara sodo (Torajiro Saito, 1935)– representaron respectivamente al cine cómico y al melodrama de aventuras, es decir, a dos géneros de éxito popular que permitían al narrador introducir con facilidad algunos chascarrillos. De todos modos, en ningún momento se desborda la locura debido, quizá, a la sobriedad del carácter japonés, pero seguramente también por la necesidad de subtitular sus intervenciones para el público madrileño. Raiko Sakamoto realizó su narración sentado en una mesa con un guión delante, y un ojo en la pantalla, por la necesidad de coordinar sus frases con el subtitulado electrónico. No es poco mérito, pero imaginamos que esto restó espontaneidad a la función.

Más discutible nos pareció el uso de micrófono, elemento claramente anacrónico si se pretende ser fieles a la realidad de antaño. Además, debido a un fallo técnico pudimos comprobar que se oía perfectamente su narración sin necesidad de él. Cuando el micrófono volvió a funcionar su atronadora voz resultó excesiva junto al suave acompañamiento musical de cuerda –cortesía de Joichi Yuasa– que complementaba la proyección.

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Desde el punto de vista estrictamente narrativo, la sesión fue muy útil para ver la compenetración de las imágenes y el narrador y, sobre todo, comprobar que su intervención transforma la percepción de la película. No solo aporta información que no dan las imágenes tal y como haría un narrador omnisciente del cine sonoro mediante la voice over, sino que altera la percepción de algunas imágenes. En este sentido, sorprende cómo su voz puede jugar con el fuera de campo adelantando la presencia de un personaje antes de su aparición en pantalla, o de lo que un personaje está a punto de ver. Otra veces, sin embargo, la información es redundante, seguramente debido a la necesidad de rellenar con su voz escenas de escaso contenido.

Es una buena idea recuperar esta tradición fílmica, pues nos permite aproximarnos a los orígenes del cine, pero hay que ser conscientes de la imposibilidad de recrear con absoluta fidelidad un espectáculo del pasado que no volverá porque su recepción por parte de un público moderno ya no puede ser la misma.

 

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