Crítica en 200 palabras (o casi): Delicatessen (1991)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★★★ (Quizá la vuelva a ver).
Ahí va la crítica:
Delicatessen (Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, 1991): El cine rocambolesco de Terry Gilliam o el detallista de Jacques Tati, la comicidad física de Buster Keaton o la ternura de Chaplin, el expresionismo alemán o los personajes grotescos de Fellini, incluso los tebeos de Francisco Ibáñez, son algunas de las muchas referencias que están detrás del universo visual y humano que despliegan ante nosotros Jeunet y Caro. Esta multiplicidad de referentes no impide que sea una obra con personalidad propia en la que, sin embargo, la sucesión de golpes de efecto acaba perjudicando el fluir narrativo. Es decir, consigue nuestra atracción con su compleja imaginería visual, con su fotografía de tonos dorados –obra de un primerizo Darius Khondji que está preludiando trabajos como el de Seven (David Fincher, 1995)– y, sobre todo, con una galería de personajes estrambóticos entre los cuales destaca el antiguo artista de circo interpretado por Dominique Pinon con su inimitable expresividad. Su personaje consigue un trabajo en un edificio cuyos vecinos son antropófagos por necesidad, alimentados por un carnicero que consigue de forma criminal sus productos. Es un humor negro muy particular, que no llega a ser cruel a pesar de su brutalidad. Sin duda, también influyó a cineastas como Álex de la Iglesia.
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


