Crítica en 200 palabras (o casi): Matar un ruiseñor (1962)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★★★★★ (La veré varias veces).
Ahí va la crítica:
Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird) (Robert Mulligan, 1962): Es curioso que una película que denuncia una injusticia tan flagrante como el racismo institucional en los Estados Unidos, todavía vigente en el año de su estreno aunque estuviera ambientada en los años treinta, se nos quede en el recuerdo como una película muy amable. En realidad contiene dos hilos narrativos, el del injusto proceso contra un hombre negro acusado falsamente de violación, y la de un vecino que vive oculto, apartado de la sociedad, debido a unos misteriosos hechos del pasado. Sin embargo, ambas sirven de aprendizaje moral para los niños que la protagonizan y para los emocionados espectadores que indudablemente compartirán la integridad moral de su padre, el abogado del falso culpable. Es un clásico del cine humanista que mantiene toda su fuerza a pesar de una realización que oscila titubeante entre el cine y la televisión, con algunos zooms imperdonables. Su ambientación en una pequeña población de Alabama durante los años de la Gran Depresión quizás sea discutible para un ojo moderno por ser excesivamente pulcra, como si fuera un decorado televisivo, pero la fuerza de su historia y de sus intérpretes, encabezados por Gregory Peck en su papel más icónico, nos sumergen igualmente en ese mundo.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


