Crítica en 200 palabras (o casi): La mujer del Faraón (1922)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★ (Quizá la vuelva a ver).
Ahí va la crítica:
La mujer del Faraón (Das Weib des Pharao) (Ernst Lubitsch, 1922): Como en Madame Dubarry (1919) y Ana Bolena (1920), Lubitsch volvió a presentar un drama romántico de época protagonizado por una mujer que vuelve loco de pasión a un monarca. Esta vez la acción se traslada al Egipto de los faraones, donde una esclava llega a reina a su pesar, ya que ama a otro esclavo que la cree muerta en vez de al Faraón que se pone a sus pies. El esquema dramático es similar y simple, pero la presentación es muy espectacular, con sus inmensos decorados y sus miles de extras, ya que también se narra la invasión de la ciudad por parte de un rey etíope. Lubitsch no es Cecil B. de Mille, ni siquiera el Fritz Lang que tan buen partido sacaba en la misma época a las grandes arquitecturas, pero aquí consigue imágenes bastante poderosas. Sin embargo, el interés del realizador está principalmente en la psicología atormentada del Faraón interpretado de nuevo con eficacia por el corpulento Emil Jannings. Ella, sin embargo, encarnada por Dagny Servaes, no tiene el exótico encanto de una Pola Negri, siendo además un personaje insuficientemente desarrollado; igual que su amante, interpretado por el siempre demasiado intenso Harry Liedtke.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


