Crítica en 200 palabras (o casi): El viento de los enamorados

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★ (Podría volver a verla).
Ahí va la crítica:
El viento de los enamorados (Le vent des amoureux) (Albert Lamorisse, 1978): La corta carrera de Albert Lamorisse se cerró con este documental poético que solo su hijo Pascal pudo completar ocho años después de su muerte. De nuevo, como en sus obras precedentes, toma un elemento inanimado, el viento en este caso, para personificarlo y justificar que, de nuevo, como en Viaje en globo (1960), el principal atractivo sean los planos aéreos desde donde mostrar un paisaje tan hermoso como espectacular. Esta vez se trata de Irán en una época donde las ciudades todavía eran bastante planas, sin rascacielos, y el polvo del desierto parecía que podía volver a sepultarlas. Sus potentes imágenes son motivo suficiente para ver la película, pero su narración fabuladora, en la que el viento que nos conduce por los aires dialoga con otros vientos igualmente personificados con distintos caracteres, acaba por cansarnos e importarnos poco. Uno deja de prestar atención al texto y se deja llevar fascinado por las imágenes de las ruinas del desierto, las montañas y los ríos, los palacios –tanto por fuera como por dentro– y las gentes de una región que siempre será poco conocida por los europeos, pero que con esta visión a vista de pájaro queda revelada toda su belleza.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


