Crítica en 200 palabras (o casi): La mujer del cuadro (1944)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★★★ (La veré varias veces).
Ahí va la crítica:
La mujer del cuadro (The Woman in the Window) (Fritz Lang, 1944): Un hombre casado y con dos hijos vivirá una fantasía muy propia de un hombre de mediana edad que se queda de rodríguez en la ciudad: tener una aventura con una hermosa y atrevida joven. Desde el inicio se nos advierte mediante los diálogos de los peligros de ese tipo de fantasías, pero la que vive el protagonista superará todo lo previsto, llevando al espectador al límite de los soportable en materia de suspense. No es muy sutil el guión estableciendo el punto de partida psicológico y a algunos comentaristas disgusta su controvertido final, pero son pormenores que no empañan una de las obras más intensas de la historia del cine. De hecho, su reconfortante y divertida conclusión permite justificar algunas inverosimilitudes de la trama, pero tampoco eso tiene gran importancia. La atmósfera onírica en la que Lang nos envuelve para que vivamos la misma pesadilla de su protagonista engrandece una trama criminal con muchos aciertos de guión tanto en el plano narrativo como, sobre todo, en el psicológico, ahondando con incisiva ironía en los anhelos más ocultos del protagonista. Edward G. Robinson, Joan Bennett y Dan Duryea encarnan magistralmente a tres arquetipos del género, imprimiéndoles nuevas e inesperadas dimensiones.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)



Chapeau, Rafa. Eso sí que es describir y valorar maravillosamente un filme maravilloso. Sucede que, de entre su producción de la década 1940-1950, acaso sea ésta la película de Fritz Lang que, a mi juicio, más se aproxima a merecer el calificativo de obra maestra, sin llegar a serlo por completo. Para encontrar sus obras maestras absolutas habrá que aguardar hasta la siguiente década, y dejarnos cautivar por «Los sobornados», «Moonfleet» y «Mientras Nueva York duerme».
El final de «La mujer del cuadro» ha sido, ciertamente, muy polémico desde el momento de su estreno, y tal polémica aún no ha cesado del todo. Debo admitir que a mí me pareció encantador. La verdad es que se trató de una imposición del código de censura, la cual enfureció a Lang y a su muy ilustre guionista Nunnally Johnson. Pero este par de artistas genuinos supieron hacer de la necesidad virtud, adaptarse admirablemente a las inamovibles circunstancias, y conseguir que aquel impuesto final armonizara con el conjunto entero e incluso lo enriqueciera con un entrañable matiz cómico. Mi más cordial enhorabuena a ambos.
Aquí hay otra nota de sumo interés. El director de fotografía de esta película fue el fabuloso Milton Krasner, quien se responsabilizó también de las luces y sombras del filme de Lang inmediatamente posterior: «Perversidad». Opino que, en blanco y negro o en color, y en cualquier formato de pantalla, Milton Krasner es el mejor director de fotografía que ha habido en toda la Historia del Cine, en pie de igualdad con Leon Shamroy. (Nuestro querido bloguero ya tuvo reciente ocasión de entusiasmarse con el arte supremo de Shamroy en «Sólo se vive una vez».) Me atrevería a decir que entre los dos fotografiaron la mitad de las más inolvidables muestras del gran cine clásico norteamericano. Manifiestamente, Lang era capaz de reconocer un gran talento visual cuando lo tenía delante, y se empleó a fondo en su faceta de ojeador y captador. En 1944, Krasner ya llevaba once años fotografiando sólo películas baratas y mediocres que no se lo merecían, increíblemente sumido en un oscuro anonimato desde su debut en la industria; y «La mujer del cuadro» fue su primera oportunidad de trabajar en una producción financieramente sólida y de codearse con un equipo de primera categoría en todos los apartados. Desde entonces fue imparable su meteórica ascensión. Baste decir que se convirtió en el director de fotografía predilecto de Vincente Minnelli, con quien rodó siete películas, y asimismo sirvió como el mejor a Robert Siodmak, George Cukor, William Dieterle, Joseph L. Mankiewicz, Henry Hathaway, Howard Hawks, Richard Brooks, Delmer Daves, Billy Wilder, Richard Fleischer, Joshua Logan, Leo McCarey, Stanley Donen, Nicholas Ray, Robert Mulligan, Roger Corman y Otto Preminger.
Aprovechando que acabo de mencionar a mi bienamado Vincente Minnelli, quiero relatar otro caso significativo de las aptitudes de Fritz Lang para reconocer un gran talento visual cuando lo tenía delante. Últimamente he sabido que, en 1955, tras ser informado de que «Moonfleet» iba a ser rodada forzosamente en el recién inventado CinemaScope, Lang se dedicó a ver repetidamente la memorable «Brigadoon» para familiarizarse con las potencialidades y limitaciones de este formato antes de decidir la mejor manera de usarlo. (Ello no me extraña, pues yo he visto «Brigadoon» cinco o seis veces en cines que la proyectaban en 35 mm, y siempre que lo hice pensé que, debido a su soltura y destreza a la hora de valerse de la pantalla ancha, Minnelli daba ahí la impresión de haberse pasado media vida utilizándola, cuando en realidad se trataba de su primera experiencia con la misma.) Aun así, Lang no era ningún plagiario, y su uso del CinemaScope en «Moonfleet», aunque resulte también modélico e insuperable, se diferencia muchísimo del de Minnelli. Aparte de eso, es famosa la tirria que le cogió Lang a este formato, plasmada en su chiste de que «sólo es bueno para funerales y serpientes» y seguida por su negativa a usarlo durante el resto de su carrera. Qué lástima. Por el bien de la Humanidad, los productores deberían haber obligado a Lang, bajo amenaza de un pelotón de fusilamiento, a rodar siempre en CinemaScope, que es el más fascinante y adorable de los formatos a condición de que lo manejen directores que realmente sepan lo que hacen.