Crítica en 200 palabras (o casi): Fresa y chocolate (1993)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★★★★★ (La veré varias veces).
Ahí va la crítica:
Fresa y chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993): Un guapo intelectual homosexual intenta ligarse en la calle a un inexperto jovencito comunista. No lo conseguirá porque el chico es heterosexual, pero trabarán una bonita amistad a pesar de sus diferencias ideológicas. Sin ocultar la opresión política sobre los disidentes, sus autores dan una visión conciliadora que el régimen cubano utilizó en su favor para demostrar su aperturismo y tolerancia ante el mundo. Más de treinta años después, queda demostrada la escasa capacidad del cine para cambiar la realidad política. Como mucho pudo abrir la mente de algunos espectadores, que no es poco, con su tierna visión de los conflictos humanos. Es una película que transpira realidad por todos sus poros y que se ha convertido en un testimonio vivo de su época. En apariencia, es un producto no muy bien acabado, como si la pobreza circundante también afectara a sus medios de producción, pero eso no impide que la sintamos muy cercana humanamente. El desengaño amoroso del joven comunista quizás sea una subtrama menos consistente, pero es de esas películas cuyos defectos no molestan porque nos implicamos en las vicisitudes de sus personajes, magníficamente interpretados por Jorge Perrugorría, Vladimir Cruz y Mirta Ibarra.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


