Crítica en 200 palabras (o casi): Tideland (2005)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★ (Espero no volver a verla).
Ahí va la crítica:
Tideland (Terry Gilliam, 2005): No fuimos pocos los espectadores que nos salimos de la sala durante la proyección de esta película en el Festival de San Sebastián de 2005. “Estúpidos” nos llamó el propio Terry Gilliam porque no la habíamos sabido apreciar con la mirada desprejuiciada de los niños. Pasados veinte años, comprobamos que no era tan insoportable, que nos pudo influir el cansancio propio de las jornadas festivaleras, pero aunque ahora lleguemos hasta su final en lo esencial no ha cambiado nuestro juicio. A muchos espectadores les parecerá reprochable éticamente mostrar a una niña cuidando a sus padres yonquis, incluso preparándoles la jeringa, y luego convivir con el cadáver momificado del padre mientras corre perturbadoras aventuras producto de una imaginación que lucha por negar su difícil realidad. No es mi caso, pues en el mundo seguro que pasan cosas así de terribles. El problema más bien está en su desestructurada narrativa que, como sucedía en Miedo y asco en Las Vegas (1998), consigue que algunos efectos sorprendentes de su imaginería visual queden enterrados bajo la pesada losada del tedio que provoca no saber a donde se dirige el relato ni tener personajes bien definidos, sino una galería de monstruos bastante insufribles.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


