Crítica en 200 palabras (o casi): cortometrajes de Adam Elliot

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★★★ (Quizás los vuelva a ver).
Ahí va la crítica:
Gracias a los extras de la edición en Blu-ray de Memorias de un caracol (2024), podemos ver todos los cortometrajes de stop-motion de su director y comprobar la gran unidad temática y de estilo que tiene toda su carrera aunque pasen muchos años entre una película y otra debido a su detallista realización sin técnicas digitales. Sus tres primeros cortos –Tío (1996), Primo (1999) y Hermano (2000)– componen una trilogía de retratos familiares en blanco y negro centrados en personajes marcados por trágicas circunstancias, pero siempre con la mirada tierna y compasiva del narrador omnisciente que vehicula todas sus obras. En Harvey Krumpet (2003) también toma como protagonista a un marginado, en este caso por padecer el síndrome de Tourette y ser educado deficientemente, pero va más allá del retrato para narrar en colores toda una vida con su habitual ternura y humor negro. En Ernie Biscuit (2015) se desarrolla una narración más compleja, con un taxidermista sordo que entablase relación con una mujer ciega. De nuevo rodada en blanco y negro, es algo más positiva que el resto de su obra. Su visión de la vida es algo deprimente, pero sabe mostrarla con el punto justo de irónico humor.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


