Crítica en 200 palabras (o casi): Limosna de amores (1955)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD (origen TV).
Valoración: ★★ (Podría volver a verla).
Ahí va la crítica:
Limosna de amores (Miguel Morayta, 1955): Hubo una vez un cine popular que no tenía más propósito que contentar a sus espectadores con historias no demasiado complicadas, pero que daban alegría de vivir. Lola Flores fue protagonista de bastantes de ellas, y en esta se fue hasta México para seguir bailando y cantando junto a una estrella de aquel país: Miguel Aceves Mejía. La trama no tiene gran importancia, es una excusa para intercalar canciones, y consiste en los habituales malentendidos amorosos fomentados por los rivales sentimentales, todo salpimentado por gracietas servidas con desigual fortuna por los secundarios, entre los que habría que destacar al gran Fernando Soto. Muchas de esas gracietas han quedado viejas, otras son curiosas por basarse en la confrontación de hispanismos con mejicanismos, pero, en definitiva, ninguna de ellas puede ofender hoy a nadie. Para ser un producto trivial cuya comicidad es algo tosca, se ve con suficiente simpatía. Que el contenido no tuviera grandes pretensiones, aparte de las económicas, no impedía que tuviera un buen acabado técnico, pues estaba realizado en el seno de una verdadera industria cinematográfica aliada para esta ocasión con Cesáreo González, uno de los mayores productores españoles. Seremos ya muy pocos lo que vemos estas películas.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


