Crítica en 200 palabras (o casi): Andrei Rublev (1966)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
Andrei Rublev (Andrey Rublyov) (Andrei Tarkovsky, 1966): Ya en su segundo largometraje, Tarkovsky se descubre como un autor total completamente dueño de todos los recursos cinematográficos necesarios para contar una historia tan compleja como esta. Andrei Rublev, o Rublyov, fue tanto un religioso como un pintor medieval muy célebre en Rusia como iconógrafo. En la última secuencia se muestra parte de su trabajo a todo color, pero la película se desarrolla en un bellísimo blanco y negro más acorde con una realidad terrenal menos esplendorosa que la artístico-divina. Trascurre entre los años 1400 y 1423 para relatarnos las vicisitudes de su vida en la turbulenta Rusia del momento. Asistimos a sus crisis creativas y espirituales y a su difícil relación con otros artistas a la vez que es testigo de las luchas de poder, el paganismo, las invasiones tártaras o la construcción de una enorme campana, símbolo tanto del poder terrenal como del divino, que es el episodio más memorable por su minucioso verismo. El ritmo narrativo de Tarkovsky no suele ser todo lo ágil que desearíamos, pero esta película despega desde su intermedio de forma asombrosa. Sus últimos 100 minutos son tan fascinantes que nos hacen olvidar lo densa que ha sido durante los 80 primeros.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


