Crítica en 200 palabras (o casi): Sangre y arena (1916)

Lugar de proyección: Sala Laya de la Filmoteca de Catalunya.
Formato de proyección: 35mm.
Valoración: ★★★ (Quizá la vuelva a ver).
Ahí va la crítica:
Sangre y arena (Vicente Blasco Ibáñez y Max André, 1916): La famosísima novela taurina de Vicente Blasco Ibáñez ha sido llevada al cine en cuatro ocasiones. Esta coproducción hispanofrancesa es la primera de ellas y fue dirigida por el propio escritor en la que fue su única experiencia cinematográfica. Desconocemos el reparto de tareas que tuvo con su codirector francés y, por tanto, no sabemos cuánto podemos atribuir a su mano directiva, pero, en cualquier caso, tuvo el previsible éxito que se esperaba, ya que satisface plenamente la tópica visión romántica y trágica que se tenía de España desde el siglo XIX, con los matadores de toros como principales protagonistas. En el contexto del precario cine español de la época, destaca también por su buen acabado técnico e incluso por algunos planos especialmente bellos. La narración, sin embargo, y teniendo en cuenta que no se conserva completa, adolece de cierta precipitación. Juan Gallardo es un torero de origen humilde que triunfa en las plazas y tiene una esposa fiel. Sin embargo, todo lo tirará por la borda cuando se le cruce otra mujer. La redención irá unida a la muerte mientras que la moraleja final parece ir dirigida contra el público taurino por su presunta sed de sangre.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


