Crítica en 200 palabras (o casi): Crin blanca (1953)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
Crin blanca (Crin blanc: le cheval sauvage) (Albert Lamorisse, 1953): “Mete el plano de los caballitos, hazme caso, que a la gente le gusta el ritmo de los caballos”, aconsejaba el sagaz productor del cortometraje El secdleto de la tlompeta (Javier Fesser, 1995) a su director. En este mediometraje tenemos todos los que queramos y más –algunos rodados en trepidantes travellings–, demostrando que ciertamente es muy agradable ver caballos cabalgando por hermosos parajes naturales. Uno de ellos parece indomable, pero un niño conseguirá hacerse amigo de él y cabalgarlo, pero sin pretender limitar su libertad como quieren los adultos. Es decir, es una variación del mismo tema tratado por Lamorisse en Bim, el pequeño asno (1951), pero bastante mejor rodado, consiguiendo superar algunas tosquedades de aquella película y ofrecer imágenes realmente poéticas en un bonito blanco y negro. Esa poesía no esquiva la cruel realidad de la naturaleza porque presenta imágenes documentales que sorprenden por su violencia, pero el conjunto es una fábula dirigida a un público infantil tratado con madurez. Es por eso que puede ser disfrutado por un adulto y su final no pretende ser una moraleja indiscutible, sino una matizada invitación a ser libres incluso a costa de perder la propia vida.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


