Crítica en 200 palabras (o casi): My Fair Lady (1964)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: Blu-ray.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
My Fair Lady (George Cukor, 1964): El hábito no hace al monje, pero un buen lavado de cara, unos bonitos vestidos y unas clases de dicción sí pueden hacer pasar por una dama a una humilde florista. El mito de Pigmalión, modernizado por George Bernard Shaw, cobra nuevos brillos en esta adaptación musical. El profesor Higgins consigue moldear a la malhablada Eliza Dolittle y luego, a su pesar, ya que es un gran misógino, acaba enamorándose de ella. Algo que parece lógico siendo Audrey Hepburn la que luce esplendorosa con los vestidos de Cecil Beaton. Porque estamos ante una de las películas más bellas y espectaculares desde los puntos de vista escenográficos –toda rodada en magníficos decorados– y fotográficos –el Super Panavision 70mm luce como nunca–, y con una partitura realmente inspirada, al menos en su primera parte. Porque también se ha de decir que este derroche de magnificencia acaba por ser agotador pasadas las dos horas y media. Las partes recitadas, más que cantadas, del último tercio, carecen de la energía contagiosa de la primera parte, con canciones realmente ingeniosas. En cualquier caso, es un ejemplo mayúsculo del poder del cine musical cuando esté ya empezaba a mostrar señales de agotamiento.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


