Crítica en 200 palabras (o casi): La ciudad sin ley (1935)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
La ciudad sin ley (Barbary Coast) (Howard Hawks, 1935): San Francisco en 1849 es una ciudad sin ley regida por la violencia. Recreada en estudio con gran convicción, barro en las calles incluido, es el escenario de un inusual wéstern, el primero de Howard Hawks, que a pesar de su violencia oscila entre la comedia y el melodrama con bastante soltura, desembocando en una historia de amor que no por ser algo trillada resulta menos conmovedora. La protagonista es la única mujer blanca del lugar, y además muy bella, por lo que el peligro es evidente, pero se deja proteger por el cacique del lugar y propietario del casino donde los mineros se dejan su oro en una ruleta trucada. Es decir, se prostituye, pero al menos con el más rico del lugar, un villano que bajo su fiera apariencia es un acomplejado encarnado de nuevo magistralmente por Edward G. Robinson. Al parecer, es una película detestada por su director, pero a nosotros nos parece una gran combinación de géneros en el que solo sobran algunos diálogos dirigidos a exaltar la mística del origen de la nación. Además, es el primer papel importante de Walter Brenan encarnando a un entrañable bribón con mejor corazón que lo que desea aparentar.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


