Crítica en 200 palabras (o casi): La tumba india (1959)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★ (Quizá la vuelva a ver).
Ahí va la crítica:
La tumba india (Das indische Grabmal) (Fritz Lang, 1959): Siendo fiel al añejo concepto del serial, Lang dividió en dos entregas su nueva película de aventuras, prolongando en ésta las peripecias del arqueólogo y la bailarina de El tigre de Esnapur (1959), cuyo abierto y desesperado final era un gancho necesario para el siguiente capítulo. No se puede decir mucho que no se dijera del anterior, pues la unidad temática y estética es total, pero sí aparecen nuevos elementos narrativos. No sólo el nuevo protagonismo compartido con la hermana y el cuñado del arqueólogo, sino la importancia que cobran los aspectos religiosos en la trama. Por un lado, porque se manifiesta el contraste entre la espiritualidad, o la superstición, según se mire, de la bailarina, y el pragmatismo incrédulo del arquitecto; pero sobre todo porque el villano, el Marajá, tras sufrir los celos y la derrota acabará por aceptar su destino y se redimirá. Es una conclusión inesperada de una película más tenebrosa que la anterior pero igual de entretenida dentro de su insustancialidad, destacando su despliegue escenográfico de palacios y catacumbas, y donde, como en la primera parte, Debra Paget tiene la oportunidad de exhibir sus dotes artísticas de baile, pero todavía con menos ropa.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)


