Crítica en 200 palabras (o casi): La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.
Formato de proyección: DVD.
Valoración: ★★★★ (Seguro que volveré a verla).
Ahí va la crítica:
La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers) (Don Siegel, 1956): Que tus seres más queridos de pronto se conviertan en extraños sin necesidad de cambiar su aspecto, sino solo levemente su comportamiento debido a que les han robado sus emociones humanas, es una premisa argumental muy potente de la que esta modesta producción supo sacar un gran partido. Aunque ignoremos el contexto histórico en el que se hizo, marcado por la amenaza atómica y el miedo al comunismo, se sostiene como una alegoría muy eficaz sobre la necesidad de defender la libertad individual frente a las políticas igualitarias, por muy deseables y felices que se nos presenten. El protagonista, el médico de una pequeña población norteamericana, solo podrá huir para intentar que no se extienda esa invasión silenciosa que tan fácilmente nos recuerda a las ideologías totalitarias, pero también a nuestro actual capitalismo por su capacidad de anestesiar cualquier rebeldía de la población. Película, por tanto, cuya capacidad metafórica es inagotable y está muy por encima de sus méritos cinematográficos, sin que queramos menospreciarlos, ya que con una admirable economía de medios cumple perfectamente, pese a algunos diálogos poco inspirados, con la creación de una atmósfera y un suspense siempre in crescendo. Inolvidable, en cualquier caso.
Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)



Ya me explayé anteriormente en este blog, durante mis comentarios a «El molino negro», sobre lo que pienso de Don Siegel en general, e incluso le eché entonces un brevísimo vistazo a «La invasión de los ladrones de cuerpos» en particular.
Hoy me conformaré con declarar que creo que nuestro querido bloguero ha expresado una opinión sobrevaloradora de esta sobrevalorada película. Sin duda las intenciones de «La invasión de los ladrones de cuerpos» son loables, pero se quedan a medio camino. El filme tiene la vieja aspiración de instruir deleitando: aspira a contar un eficaz cuento de miedo que a la vez sirva para alertar de los peligros de la tiranía espiritual, la cual es aún más terrible que la tiranía física en la medida en que quiere infiltrarse hasta en nuestros sueños. Sin embargo, fracasa en su mayor parte. Como narración fantástica, es más bien lenta, morosa y reiterativa; y, como alegoría social, es más bien cruda, obvia y estridente.
Aun así reconozco que hace pasar un rato aceptablemente entretenido, pues ofrece suficientes elementos intrigantes -que no siempre se salvan de caer en el efectismo barato- como para que no nos desentendamos de ella y anhelemos seguirla hasta el final; y que es muy superior al infame «remake» que expelió Philip Kaufman en 1978, con la agravante de que éste desaprovechaba criminalmente su mucho mayor presupuesto económico y sus medios técnicos más adelantados.
Anotaré de paso algunas curiosidades relativas al extraño formato en que está rodada «La invasión de los ladrones de cuerpos» de Don Siegel. Se trata del formato Superscope, a veces llamado RKOscope, que tuvo una efímera vida durante la segunda mitad de los años 50 del siglo XX, y en el cual se rodaron sólo treinta o cuarenta películas. (Curiosamente, dos obras de Fritz Lang hechas en 1956 para la productora RKO, «Mientras Nueva York duerme» y «Más allá de la duda», lo emplearon también y por ello presentan los mismos problemas que voy a exponer ahora.)
Su método era el siguiente. La película era filmada en celuloide de 35 mm con fotogramas cuyas proporciones eran las casi cuadradas de 1:1,37. El visor tenía unas rayas arriba y abajo para que, considerando mucho del espacio superior e inferior como enteramente inútil y superfluo, sólo se utilizara efectivamente la parte central con unas proporciones de 1:2,00. Luego, en el laboratorio, una vez finalizado el rodaje, se recortaban las imágenes filmadas eliminando el espacio sobrante, hasta dejar sólo el encuadre panorámico pretendido, y posteriormente eran transferidas a un nuevo negativo anamórfico, que dejaba unas franjas negras laterales a izquierda y derecha. Este último negativo se usaba para tirar copias a partir de él que incluían esas franjas laterales negras a derecha e izquierda para reducir el habitual formato CinemaScope (1:2,35) al inhabitual formato Superscope (1:2,00).
Hasta ahí, todo bien. Lo malo es que para ahorrar costes se tiraban paralelamente copias a partir del negativo originario en 1:1,37, sin ninguna corrección de laboratorio y, por lo tanto, con todos los encuadres descompensados por su excesiva información visual innecesaria y desechable. Estas copias, destinadas primordialmente a cines de barrio o a países extranjeros, podían ser proyectadas, ora tal como estaban, ora ampliándolas a 1:1,66 ó 1:1,85, dependiendo de la tecnología de cada proyector y del humor de cada proyeccionista. Asimismo acababan recurriendo a ellas todas las emisoras de televisión, en unos tiempos en que no había ningún televisor que no tuviera el antiguo formato conocido como 4:3 en vez del actual 16:9. Es posible que hoy en día lo hagan también, con cierta frecuencia, numerosas empresas editoras de DVDs y blu-rays.
Sirva lo anterior como preámbulo para especificar sucintamente cómo he visto yo «La invasión de los ladrones de cuerpos» las tres veces que la he visto. Las dos primeras veces, yo era un adolescente y la vi en televisión, en formato 1:1,37 y doblada al español de Hispanoamérica. La última vez, ya de muy adulto, la vi en la Filmoteca, en versión original subtitulada y en una copia anamórfica en 35 mm en adecuado Superscope. Y nunca aprecié ninguna variación de calidad artística; siempre me pareció igual: una obra simpática pero modesta, ambiciosa pero limitada. No creo que la película pueda dar más de sí en manera alguna.
Gracias por tu didáctica explicación sobre el Superscope, estaré atento al formato de esas películas de Fritz Lang cuando toque.
Respecto a la película de la que estamos hablando, me he divertido como siempre con ella, pero es inferior a la fantástica versión de Kaufman que espero volver a ver pronto.
Ya que ha sido bien recibida mi explicación didáctica, añadiré otro par de informaciones de ese mismo tenor.
El primer montaje de «La invasión de los ladrones de cuerpos» carecía del prólogo y del epílogo que ahora convierten toda la narración central en un larguísimo «flashback» (o «analepsis», para quienes prefieran la grecofilia a la anglofilia). Pero los productores, observando en los preestrenos de prueba que, con sus amargas y desperanzadas características, la película dejaba hecho polvo al espectador corriente, se temieron un gran fracaso comercial y decidieron que había que inyectar algunas dosis de optimismo. Así, pues, obligaron a Don Siegel a rodar e insertar las dos escenas adicionales, para dejarla tal como la conocemos hoy. Que cada cual imagine lo que pudo ser y no fue.
Con respecto al Superscope, por si a alguien le hubieran parecido confusas y farragosas mis explicaciones técnicas, y considerando que una imagen vale -o puede valer- más que mil palabras, adjunto seguidamente un enlace a la reproducción de una página de un folleto aclaratorio. Éste fue publicado por una empresa editora británica de DVDs, llamada Exposure Cinema, para acompañar su edición en formato 1:1,37 de «Mientras Nueva York duerme».
Lo único reprochable aquí es que estos fulanos de Exposure Cinema nos dan gato por liebre, debido a algo que no sé si es ignorancia o malevolencia. Intentan persuadirnos de que ellos editan «Mientras Nueva York duerme» tal como la concibió Fritz Lang, sin los indebidos recortes de imagen perpetrados en su día por distribuidores y exhibidores. La verdadera realidad es completamente opuesta. Lang, a la hora de elaborar su guión técnico durante la preparación y de encuadrar sus planos durante el rodaje, tuvo presente todo el tiempo que sólo había que tomar en cuenta el formato 1:2,00, despreocupándose del espacio sobrante que posteriormente iba a ser eliminado en el laboratorio. De modo que ofrecer la totalidad del fotograma revelado inicialmente equivale a contrariar sus deseos, traicionar sus intenciones y desvirtuar su obra, porque el rigor geométrico de su puesta en escena no sale ileso.
Que yo sepa, las ediciones españolas en DVD de los dos Superscopes de Lang son en 1:1,37, en tanto que sus ediciones españolas en blu-ray son en 1:2,00.
Dado que Fritz Lang es un director infinitamente mejor que Don Siegel, los cambios indeseados introducidos en sus obras por manos pecadoras sí pueden alterar muchísimo su calidad, y casi siempre para peor. Yo he visto dos veces «Más allá de la duda». La primera vez la vi en el Círculo de Bellas Artes, en una copia en 16 mm en formato 1:1,37 doblada al español con diversas modificaciones de diálogos exigidas por los censores franquistas; me pareció un filme medianito. La segunda vez la vi en la Filmoteca, en una copia en 35 mm en formato 1:2,00 en versión original con un subtitulado cuidadosamente fiel; me pareció un filme fabuloso.