Cinema Nostrum

Blog de Rafael Nieto Jiménez, historiador del cine y empresario audiovisual

Crítica en 200 palabras (o casi): Los espías (1928)

Spione

Lugar de proyección: mi hogar, dulce hogar.

Formato de proyección: DVD.

Valoración: ★ (Espero no volver a verla).

Ahí va la crítica:

Los espías (Spione) (Fritz Lang, 1928): Si las maldades de El Doctor Mabuse (1922) no nos entusiasmaron a pesar de la inventiva visual de Lang, este sucedáneo, protagonizado por un maquiavélico lunático que dirige una organización de espías internacionales bajo la tapadera de un banco, todavía nos interesa menos. Su némesis es un agente secreto que, como un James Bond avant la lettre, enamora a la secuaz que el villano le envía para eliminarlo. Esta historia de amor da un punto adicional de interés a la trama, pero el conjunto adolece de escasa imaginación en contraste con sus películas anteriores protagonizadas por sociedades secretas. Es como si el director hubiera perdido el entusiasmo de antaño y solo se hubiera dejado llevar por esta rutinaria sucesión de situaciones folletinescas, excepto cuando quiere enfatizar el tono trágico en los suicidios de un par de personajes. Tampoco es especialmente destacable en el sentido escenográfico a pesar de una inolvidable sala de fiestas con ring de boxeo incorporado. Su duración, una vez más muy por encima de las dos horas, nos resulta excesiva para una trama menos dinámica de lo que se pretende y que, en definitiva, gustará principalmente a los amantes de los seriales más o menos extravagantes.

Criterio de valoración:
● (No debería haberla visto)
★ (Espero no volver a verla)
★★ (Podría volver a verla)
★★★ (Quizá la vuelva a ver)
★★★★ (Seguro que volveré a verla)
★★★★★ (La veré varias veces)

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2 pensamientos en “Crítica en 200 palabras (o casi): Los espías (1928)

  1. Avatar de FernandoFernando en dijo:

    Yo diría que a mí sólo me gustan los seriales más o menos extravagantes cuando son (mejor dicho, cuando me parecen) buenos. Como todo en la vida, tales seriales pueden hacerse bien, mal o regular. Y éste lo encontré bueno: más que suficientemente ameno e imaginativo… con el encanto añadido de que, cuando lo vi en la Filmoteca, hará unos diez años, ello sucedió muy poco después de haberme fastidiado e irritado más de lo debido con las tediosas pesadeces de «Metrópolis», así que agradecí tan refrescante cambio de rumbo. Ciertamente no es una obra maestra, pero sí una de las muchas buenas películas con que cuenta el genio en su nutrida filmografía. En suma, un delicioso divertimento.

    «Los espías» -no sé muy bien, Rafa, por qué no te refieres a esta película con el título, casi literalmente traducido del original, que tuvo en su estreno español- resulta más o menos igual de satisfactoria, para mí, que otras competentes cintas de espionaje languianas como «Clandestino y caballero» (1946) y su canto de cisne llamado «Los crímenes del Dr. Mabuse» (1960). Y sobrepuja con creces a su ridículamente nefasta «El ministerio del miedo» (1944), la cual, para mayor sonrojo, partía de la prometedora base literaria de una imponente novela de Graham Greene, quien fue uno de los escritores favoritos de mi primera juventud y ahí estuvo casi a la altura de su inmejorable «Nuestro hombre en La Habana»… llevada al cine, por cierto, en una estimable versión de Carol Reed con guión del propio novelista.

    Si alguien anhela (es un decir) ver un serial auténticamente malo de Fritz Lang -aun cuando no sea de espionaje, sino de aventuras exóticas- no necesita más que asomarse al díptico «El tigre de Esnapur»/«La tumba india» (1959). Estas dos películas, que en realidad son una sola, constituyen una de las decepciones fílmicas más amargas que me he llevado en toda mi vida, sobre todo en lo que concierne a la segunda de ellas, a pesar del desmesurado prestigio de que gozan entre una serie de críticos nada desdeñables ni en nómina ni en número, y también a pesar de mi confesa devoción generalizada por las obras crepusculares de los maestros ancianos. Sin embargo, intentaré darles una nueva oportunidad revisándolas próximamente, con miras a comentarlas dentro de este blog.

    Vaya, Rafa, comienzo a sospechar que nuestro habitual nivel de discrepancia a la hora de enjuiciar el cine moderno va a hacerse extensivo al cine clásico. Qué se le va a hacer. C’est la vie. Peor sería que hubiéramos de decir: C’est la mort.

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